Los Cuenteros 50 años más

20180603 120045 El estreno de Cyrano y la madre de agua inició la jornada de celebración del 50 aniversario del Guiñol Los Cuenteros (nacido el 19 de noviembre de 1969), en San Antonio de los Baños.

Escrita por el dramaturgo matancero Ulises Rodríguez Febles, en 1998, la obra ofrece jugosas aristas al mito cubano de la madre de agua que habita ríos, pozos y manantiales y que deriva en una pasión amorosa de alto vuelo poético y la persecución de un cazador fanfarrón.

 

Dirigida por la versátil Malawy Capote (quien también asume al protagonista), la experimentada asesoría de Blanca Felipe y los diseños y realización de escenografía y muñecos al cuidado de Gilberto Perdomo, Cyrano y la madre de agua es un espectáculo que enaltece a Los Cuenteros en su medio siglo de labor: con ella se honran y celebran en el arte.

 

Sobre todo, por ser demostración de su sello de identidad: la construcción de un universo genuinamente criollo y guajiro muy original. Nunca folclorizada ni detenida en el tiempo, la cultura e idiosincrasia campesina, se reactualiza con cada obra de Los Cuenteros a través del lenguaje y la poesía popular, el ritmo trepidante de las puestas, la música como protagonista, el humor y todo el lujo visual que alcanzan sus retablos (con un complejo trabajo de la perspectiva escénica), sus muñecos y la magia del trucaje.

 

Así recordamos “El extraño caso de la zorra-gallina”, “Romelio y Juliana” o “El barrio de la Martina”, piezas antológicas de su repertorio, como lo será también Cyrano y la madre de agua.

 

Saúl es el muchacho que sufre burlas y complejos a causa de su prominente nariz, por eso le llaman Cyrano (como Cyrano de Bergerac, poeta francés del siglo XVII, más conocido por la obra de teatro de Edmond Rostand que por sus versos). Cambiarse la nariz es el pretexto que lo lleva en noches de luna llena a invocar a la madre de agua junto al brocal del pozo.

 

Allí radica el misterio, la atmósfera poética y el desenlace de los conflictos de la obra. Al cumplir medio siglo, es imposible olvidar la influencia ejercida por Los Cuenteros más allá de los límites de la antigua Habana, en todo el occidente cubano, por ser modelo para el surgimiento de otras agrupaciones escénicas, promover con profundidad el teatro infantil y contribuir a la formación de actores y públicos.

 

Antes que de trabajo comunitario se hablara en Cuba, ya Los Cuenteros sostenían una itinerancia por toda esta región. Su prédica educativa desde el arte y su unidad -no solo como grupo, sino en relación con otros procesos creativos y socioculturales, especialmente en San Antonio de los Baños-, lo convierten en ejemplo de constancia y superación.

 

Por eso, no es fortuita la elección del mito de la madre de agua, cuyo avistamiento en estas tierras reseñara Samuel Feijoó (y que de algún modo repitieran las leyendas colectadas por Jorge Lucas Perera y otros ariguanabenses). El vínculo de Los Cuenteros con el campo cubano y la Naturaleza toda, es esencial en su estética y su vida.

 

Sin estridencias, Los Cuenteros cumplen 50 años obrando preciosismo y pasión desde la modestia como seres humanos y la honestidad como artistas. Ojalá no tengan que esperar un día más para tener una sede adecuada y la consideración que han ganado con esfuerzo en la proa del teatro infantil cubano.

 

Sin efectismos, medio siglo de energía se concentra en la originalidad y la tradición, la continuidad y la renovación de Los Cuenteros.


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