Cuando llega el verano una fuerza humana se encarga del disfrute de los que aprovechan este momento del año para descansar. Sí, porque para disfrutar y relajar tensiones muchos son los hombres que se ven involucrados en largas jornadas de trabajo para que el pueblo tenga un verano feliz. Y es entonces cuando aparecen los que muchas veces quedan olvidados y sin embargo, son pilares importantes en el desarrollo sociocultural de esta etapa estival en Cuba.
Hablo de los instructores de arte, los promotores culturales, los profesores y activistas deportivos. Personas que dedican a veces más de ocho horas a pensar, actuar y gestionar actividades que permitan el esparcimiento y la recreación sana desde la cultura y el deporte en nuestras comunidades.
No existen unas horas de más para el sueño. El arte llama y hay que responder a tiempo. Y para que la actividad comience a las nueve de la mañana como está previsto, tienen que adelantar su reloj para las seis antemeridiano, salir corriendo de casa y tomar una guagua que los llevará hasta comunidades rurales como la Pequeña, la Cañada, el Borgita o el reparto Raúl Hernández Vidal.
Y aprovechan el viaje para un sueñito, pero un bache en el camino puede que los despierte y es entonces cuando en su memoria pasan la letra de la canción que regalarán al público, o el payaso ensaya su chiste con miedo a que no funcione. Una vez en el lugar cambia todo, las risas y los aplausos espantan al sueño y al miedo, la rapidez con que dos niños saltan la suiza o juegan a quien le pone el rabo al burro, hace que el corazón sienta la satisfacción del deber cumplido. Irse con ese recuerdo es el pago mayor por el esfuerzo.
Considero que los promotores culturales, instructores de arte y activistas deportivos son profesionales con talento, dedicados y que a veces queda subvalorado su trabajo. Y créame cuando le digo que no es fácil, pensar en hacer cultura y llevarla a espacios alternativos, a esos rincones donde el arte no está, a comunidades que no saben de teatro ni de de danza y hacer que el público se motive, se sienta atraído por este producto artístico que es nuevo para él.
No es un trabajo para cualquiera. Y organizar planes de la calle, y no olvidar fechas relevantes, y coordinar actividades con los presidentes de las circunscripciones y de los consejos populares. Y bailar con zapatillas donde no hay tabloncillos. En esa comunidad que nos presta un parque o el portal de una bodega para convertirlo en el gran teatro que acoge la función, con la escena alumbrada por un solo reflector, el sol, y muros, piedras, bancos y barandas convertirlas en asientos y así con esas mínimas condiciones hacer arte. Hacer cultura, solo personas con mucha fe pueden lograrlo.

