Se pega «normalmente»

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¿Oye qué pasó con el vocabulario?, dice una vecina mientras escucha los temas musicales y la manera en la que las personas se expresan en los tiempos que corren.

No se sabe si ello lo condiciona la sociedad de consumo, las industrias culturales, los medios alternativos, los centros recreativos, la mochila o el paquete. Sucede que cada día la situación empeora y las personas “incluyen” nuevos vocablos en nuestro idioma -que, a gritos, exige respeto.

Muchas veces nos referimos a la vulgaridad del género reggaetón, más si manifiestan en la letra de las canciones, esos temas nada agradables al oído como lo son las relaciones sexuales, la discriminación hacia la mujer, el consumo de drogas o las malas conductas. Pero de ahí a crear vocablos hay una larga distancia. Por ejemplo «follanquere», «durako», «tiza», o «gucci» sobran en publicaciones y comentarios de las redes sociales - ¿acaso alguien conoce sus significados?.

El idioma se forja y se mueve en la calle. Un día decimos «tío, qué bolá», «puro, tírame la hora», «la mía, eso no sirvió» y al otro empleamos terminologías tan complejas como las que mencione anteriormente, sin sentidos. Para buena parte de la sociedad se van haciendo populares pero el resto sugiere analizar este fenómeno que –sin excluirme, se ha manifestado en muchos. Hay quienes creen que el idioma también tiene sus momentos a la moda, sin embargo, pocos comprenden que la evolución de sustantivos y verbos es un proceso normal que no justifica la aparición de expresiones incorrectas.

Cuando el español llegó a América, estaba en un momento crítico, apenas había formas de nombrar las cosas, tampoco existía mucho que nombrar hasta que se fue enriqueciendo de culturas. Luego de conformado, no se detuvo; fue creciendo continuamente para bien de los hablantes… Entonces vale preguntarse qué sucede ahora.

Yo le convido a revisar publicaciones en las redes sociales para que quede atónito: errores ortográficos, uso de símbolos en el grupo de letras, falta de sentido en las ideas, abreviaciones; en fin, pareciera un laberinto sin salida. Escribir en caracteres, chatear y hablar sobre temas informales se vuelve la fuente principal del maltrato del idioma con las nuevas herramientas tecnológicas y la internet. Aunque hay quienes no admiten tales agravios porque “un buen mensaje pierde credibilidad si se escribe mal”

Dicen que es como un virus, penetra en el cuerpo y lo sueltas por la boca. Imagínese si Cervantes, Lope de Vega, Góngora o Quevedo volvieran al presente: -sufrirían una decepción sin igual. No se trata de hablar más “culto o científico que nadie”, tampoco andar con un diccionario bajo brazo para buscar el término empleado… la cuestión está en “respetar” lo nuestro. Nadie le prestaría más importancia que uno mismo. La “bendición” de la Real Academia de la Lengua Española ha venido sobre algunas palabras, pero estemos claros, «cuando no da, no da»

Con todo el gusto del mundo puedo responder la pregunta de mi vecina: - Normalmente niña, lo que ocurre se llama menosprecio al idioma. Entre tanto, pensemos cómo revertir la situación, porque no deja de ser cierto que el lenguaje es el vestido del pensamiento y es además una ciudad para cuya edificación cada ser humano ha aportado una piedra.


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