Lo mejor de ti…

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Cuando observo detenidamente a la juventud que me acompaña me siento agradecido; de seguro Cuba también lo está. Hay tanto entusiasmo, ganas de hacer, sentido de pertenencia, responsabilidad, colorido y motivaciones que apenas logras distinguir el uno del otro.

Los sueños no parecen tener caducidad; los miedos se esconden en la adrenalina de decidirse desde el primer momento a “hacerlo”; la picardía sensata se alza en cualquier escenario para demostrar de qué estamos hechos…pero si hay algo que nos distingue para bien, son esas ganas de darlo todo sin esperar nada a cambio. No importan las circunstancias, simplemente volver a decir: - ¡Aquí estamos! ¡Yo sí puedo!

Mientras leía hace unos días encontré una reflexión muy interesante, que encaja con el sentido de este comentario: La juventud necesita menos críticos y más modelos… ¿qué le parece? En esencia, esas palabras resumen la prontitud de “cambiar las mentalidades” que erróneamente creen que la “juventud está perdida”.

No voy a justificar ningún acto, soy de los que critica –sin compasión cuando las cosas no se hacen bien pero que a nuestros jóvenes le guste bailar, salir a disfrutar con sus amigos, usar la ropa de moda, llevar audífonos en sus oídos para salirse por unos segundos del mundo… Si ellos prefieren tararear el “Normalmente” en sus canciones, si se la pasan subiendo publicaciones a su Facebook…si deciden por su propia vida, eso no significa pérdida; en todo caso le llamaría “disfrute” porque el tiempo pasa y cada cual lo vive como desee.

Digo esto porque no dejan de ser pocas las personas que piensan y tildan de mal al albedrío. Cada siglo, año, mes u hora tiene sus condicionantes pues esta es una sociedad que avanza y nunca se quedará estática. Es como aplicar el dicho de: “lo que fue, no será”. Incluso puede que lo que hacemos hoy mañana sea extraño porque –entendamos, la vida es una ráfaga de realidades. Si dejamos de aprovechar el presente, el futuro no lo devolverá…además creo en el mejoramiento humano, todo es posible.

Debemos comprender que el avance tecnológico, las sociedades de consumo, el intercambio cultural y la propia enseñanza han provocado cambios “muy bruscos” en el comportamiento de los más jóvenes. Hoy llevan aretes, tatuajes, cortes de cabellos diferentes, usan emoticonos en sus conversaciones por celulares para expresar sentimiento, ya no regalan una carta de amor, apenas conversan de novios sentados en el sofá del hogar frente a los padres, pero nada, nada de lo anterior deja de un lado su encanto.

Por convulso que sea su comportamiento, el joven de estos tiempos si piensa en socorrer a la abuela desvanecida en la calle; sí acompaña a la su amiga después de pasar la noche en un centro recreativo para que nada la suceda; sí pide “permiso”, le regala un “buenos días” y da “gracias”. Si llegara a encontrarse, uno que no hiciera ninguna de estas cosas –algo posible, se dará cuenta de que son muy pocos. Siempre en ellos hay una razón para confiar. En tanto esos que critican, como lo expresé textos atrás, deberían esforzarse y proponer el cambio; criticar lo mal hecho en el momento, explicar cómo debería hacerlo…convidar a transformarse en hombres de bien.

La juventud no está perdida, tampoco sus valores. A cada cual lo que le corresponde. Por eso siempre insisto en la formación familiar; ahí donde comienza todo…en la célula fundamental de la sociedad porque “es de jóvenes triunfar”.