Nunca pensé que Osmany, un amigo de la infancia que vive en Alquízar, pueblo donde nací, siendo tan joven, llegara a convertirse en uno de los principales dirigentes de ese municipio. No es que subestime sus potencialidades, pero sentí un poco de temor cuando me dijo que asumiría un cargo en el Consejo de la Administración.
Y mi padre que siempre se vuelve juez ante lo justo, hizo que reflexionara, cuando me dijo ¿temor? ¿a qué? ¿Acaso no fueron los jóvenes los que impulsaron la gesta revolucionaria? ¿No recuerdas al Martí casi adolescente delatando al opresor y defendiendo al oprimido, sí, ese Martí que conociste en la clase de Historia de Cuba? ¿Y el Fidel que subió a las montañas, bajó al llano y triunfó con la revolución de 1959, con tan solo unos años de vida?.
Y una vez más mi padre tiene razón, porque reconozco que una de los libertades que tienen los jóvenes cubanos, es la confianza depositada por las organizaciones del país que los incluyen en cargos de dirección en diferentes sectores y cuentan con su criterio y sus ansias de enfrentar al mundo, para fomentar los cambios que acontecen en la nación actualmente.
Y entonces comprendo que Osmany puede ser dirigente por su capacidad de entrega al trabajo, por su disciplina ante la vida, porque sabe sonreír ante lo bueno y hacer sonrojar al equivocado. Y mi amigo no es el único joven dirigente en estos tiempos, conozco a otros que también son guerrilleros en sus podios. Como aquí en San Antonio de los Baños, hombres sin canas que están al frente de la Unión de Jóvenes Comunistas, o son directores de centros educacionales y de otros sectores estatales.
Cómo olvidar que son los jóvenes en su mayoría los que conforman las brigadas culturales que por estos días regalando arte al Ariguanabo. Y considero que son privilegiados, por disfrutar de esa juventud, divino tesoro, en esta tierra. Donde se respetan los derechos y deberes, esos que son universales y pertenecen a todos los seres humanos.
Y entonces entiendo porque con tan solo unos años confían en mí para este trabajo de informarle a usted con el mayor placer del mundo, y comprendo también gracias a las reflexiones de mi padre cómo en otras trincheras laboran jóvenes, en este lugar, San Antonio de los Baños, o unos kilómetros más allá como en Alquízar, mi amigo Osmany y a todo lo largo y ancho de mi país. El tuyo, el nuestro.

