Si alguien puede hablar de “bolsillos rotos”, de “no me alcanza” y “la cuenta no da” es el viajero. El cubano que anda “a pie” como le decimos, que depende de un transporte diario para resolver sus problemas, trasladarse al centro de estudios o de trabajo. Un cubano que ahora cobra más pero que nadie puede venir a arrebatar su sacrificio con justificaciones baratas, lejos de ser la voluntad del Estado.
Hoy el sector estatal presenta serias limitaciones para mantener las rutas de un destino a otro con la frecuencia que todos añoramos, sin embargo, luego de la implementación del trabajo por cuenta propia en Cuba las oportunidades han beneficiado a muchos, en especial a los transportistas. Esos que calman –a veces, la desesperación pero que también nos inyectan el enojo al dar a conocer los precios de su servicio. Y como soy viajero, periodista y cubano dedico mi comentario a un tema polémico: las tarifas de los transportistas en el servicio público.
Cómo entender que después de las seis de la tarde un auto (máquina) cueste 25 pesos en una distancia menor a los 15 kilómetros. Por suerte, autoridades gubernamentales anuncian nuevas tarifas máximas que regirán esta actividad. Lo anterior lo ampara la Resolución 194 de julio del 2018, aprobada por el Ministerio de Finanzas y Precios, la cual establece las responsabilidades de los organismos de la Administración Central del Estado, entre estos el Consejo de la Administración Provincial (CAP) para regular las actividades priorizadas. Esperemos que llegue pronto a territorio ariguanabense para acabar cuanto antes con las violaciones de vacilantes que se aprovechan de las circunstancias.
Cuando analizamos bien lo que está sucediendo entendemos de “especulaciones” en el sentido más amplio de la palabra. Hace sólo unos días, antes de concluir el curso escolar, conocí sobre una estudiante que, para viajar a su hogar ubicado una zona rural del municipio abonó 15 pesos. ¿Quién justifica tales barbaries? Nadie. Ese ejemplo no es más que la actitud personal de cada transportista; la actitud que indigna, a pronto de resolverse pues esta medida totalmente lícita busca el orden, la disciplina y legalidad ante las disposiciones que se legislen por los órganos y organismos competentes. Compete al trabajador por cuenta propia cumplirla.
También me llaman la atención los titulares de medios extranjeros, dedicados a dañar la imagen de Cuba que presentan sus crónicas diciendo: Imponen tarifas para el transporte en Cuba y ¿cuánto de “imponer” tienen estas medidas? Seamos realistas y juiciosos, la implementación de dichas normas son un alivio para quienes hace mucho venimos esperando una respuesta al respecto.
La Mayor de las Antillas cada vez se parece más al pueblo que “anda a pie”, falta mucho por hacer, pero es un proceso paulatino. En menos de un año se han alcanzado metas pendientes, y “la gente” lo agradece, lo vive. Ahora le tocó al transporte privado; lo que no puede suceder es que el dinero se mueva de un lugar a otro “arbitrariamente” o se agote a la mitad del camino.

