José Ramón Martínez Álvarez, joven de Guanajay, escogido por Fidel para integrar el grupo que tomó el Palacio de Justicia, como parte de las acciones de apoyo al asalto del cuartel Moncada; había nacido 25 años atrás en el tercer mes del calendario.
Su lucha revolucionaria la inició mientras se buscaba la vida como aprendiz en la Tenería de su pueblo natal; y poco después integró las filas del Movimiento 26 de julio, en la célula de Guanajay.
Las primeras actividades teóricas fueron en la universidad. Allí, aprendió el arme y desarme de fusiles; instrucción que luego llevó a la práctica en varias fincas de Guanajay, con el adiestramiento de tiro; ejercicio al que le puso todo su empeño porque sabía que se acercaba el momento de liberar a la Patria de la ignominia que sembró Fulgencio Batista.
Hacer algo contra el tirano y sus secuaces, era el compromiso de quien fuera fiel defensor de los derechos de los obreros. Participó en el desfile de las antorchas del 28 de enero de 1953 en su terruño; y en acciones conspirativas, siempre con la discreción que exigía Fidel en el movimiento revolucionario. Como fiel cumplidor de esa orden, y con el deber para con la Patria, José Ramón iría más lejos. Viajó hacia Oriente donde se ejecutaría la gran práctica estratégica.
Llegado el momento de las acciones del 26 de julio, estuvo acompañado por varios camaradas, bajo las órdenes de Raúl Castro, en la azotea del Palacio de Justicia, con la misión de neutralizar la ametralladora calibre 50 que estaba en el Hospital Saturnino Lora, para evitar que hiciera blanco en las posiciones de los asaltantes al cuartel Moncada y apoyar así la operación.
José Ramón llevó hasta las máximas consecuencias su decisión de empuñar el fusil aquella madrugada de carnavales en Santiago de Cuba. Fue uno de los primeros en entrar en combate, pero la resistencia se hizo imposible, y Raúl dio la orden de retirada, orientándole a José la custodia de la retaguardia. Vivió meses oculto, hasta que partió al exilio y formó parte de la nómina de los 82 hombres quienes dirigidos por Fidel zarparon del mexicano puerto de Tuxpan en el yate Granma y desembarcaron en Playa Las Coloradas.
En tierra cubana, aún en la zona cenagosa de la costa, el guanajayense tuvo su primer encuentro con el ejército batistiano en Alegría de Pío. Fue uno de los jóvenes sobrevivientes al combate; y disperso en la región, intentó llegar a la Sierra Maestra, pero cayó bajo el tronar de los disparos del ejército de la tiranía en la batalla de Belice, en Santiago de Cuba.
Actualmente, José Ramón Martínez Álvarez es el mártir del sector de la industria ligera y sus restos yacen en uno de los nichos del Mausoleo a los Mártires de Artemisa. Como señala la historia, a José Ramón Martínez Álvarez le alcanzó su corta vida para demostrar ser un héroe a la altura de su tiempo.



