Artemisa en la historia del Moncada

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La historia nos otorgó una de sus mejores páginas, pues de la Villa Roja salió uno de los mayores contingentes de jóvenes para dar inicio a la lucha armada el 26 de julio de 1953. Se dice que este territorio de la región occidental, entonces perteneciente a la antigua provincia de Pinar del Río, fue el centro principal del movimiento organizado por el Comandante Fidel Castro.  

Catorce fueron los revolucionarios que sin pensarlo acudieron al llamado más heroico de la Patria. Estaban representados los municipios de Artemisa, Guanajay y Pinar del Río y la mayoría de estos jóvenes murieron después de la acción. Otros tres compañeros participantes en el ataque a los Cuarteles Moncada en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Granma, fueron expedicionarios del yate Granma y dieron sus vidas tras el desembarco, el 2 de diciembre de 1956.

En el libro “Antes del Moncada” de varios autores, el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez rememora que las dificultades eran inmensas. “Las armas escasas con que contábamos al comienzo de la lucha, pero al mismo tiempo, la seriedad, la disciplina, el entusiasmo, la confianza en el futuro y en Fidel de aquel grupo de combatientes. Creo firmemente que, en aquellos jóvenes trabajadores y humildes, surgidos de la entraña genuina del pueblo, estaban ya estampados muchos de los rasgos que hoy queremos forjar en el nuevo hombre comunista”, destacó.

De Artemisa se recuerdan a todos sus héroes y mártires, pero cuando se habla de Ciro Redondo, Julito Díaz y José Ramón Martínez Álvarez (Guanajay) la historia asume otra significación. A Ciro no le bastó participar en las acciones del 26 de julio; después de prisión también fue expedicionario del Granma y cayó en combate en la Sierra Maestra con apenas veintidós años de edad.

Julito Díaz era trabajador de una ferretería; después de veintidós meses preso en la Isla de Pinos, marchó al exilio en México, vino en el Granma y murió gloriosamente en el ataque al Uvero, el 28 de mayo de 1957. Y el guanajayense José Ramón, un joven sencillo, obrero, de sentida bravura estuvo en la acción del Palacio de Justicia bajo el mando de Raúl Castro. Tras su llegada a Cuba en el yate, lo asesinaron días después en el revés de Alegría de Pío.

En estos tres nombres permanece gran parte de la historia Patria y lo ocurrido aquel 26 de julio en el Oriente del país. De Artemisa y otras zonas pinareñas la muerte sirvió para comprender “la pureza de las raíces populares sobre la que se ha levantado el edificio de la revolución”, como se cita en el libro “Antes del Moncada”. “(…) tenían en su sangre el espíritu inconforme y rebelde de las clases trabajadoras y explotadas (…) llevaron a la acción del 26 de julio la generosidad, la limpieza de ideales y el desprendimiento más absoluto”


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