Mujeres de estirpe mambisa

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Sobre las mujeres José Martí escribió: “…las campañas de los pueblos sólo son débiles, cuando en ellas no se alista el corazón de la mujer; pero cuando la mujer se estremece y ayuda, cuando la mujer, tímida y quieta de su natural, anima y aplaude, cuando la mujer culta y virtuosa unge la obra con la miel de su cariño- la obra es invencible”.

La presencia de la mujer cubana en las luchas emancipadoras contra el dominio colonial español constituyó motivo de inspiración para el Apóstol. Muchas fueron las féminas que se incorporaron a los campos de batalla o contribuyeron como informantes, mensajeras y en los hospitales de campaña. Hoy le propongo conocer sobre dos de estas mujeres: la pinareña Magdalena Peñarredonda y la ariguanabense Rosa Robés.

El 22 de julio de 1846 nació en Quiebra Hacha, Pinar del Río, la patriota Magdalena Peñarredonda, hija de español y de francesa. Tras fallecer su padre, y apenas cumplido los 15 años, se casó con un comerciante español radicado en La Habana. Pronto su hogar se convirtió en centro de tertulias y reuniones conspirativas. Al iniciarse la Guerra de los 10 Años Magdalena fue designada como delegada en Pinar del Río, aunque las acciones no llegaron a la zona occidental. Disuelto su matrimonio, viajó a Nueva York donde conoció a José Martí, quien le dedicó sus Versos Sencillos y la llama modelo de “paciencia y patriotismo” y la ratificó como delegada en Pinar.

Al iniciarse la contienda de 1895 Magdalena Peñarredonda desplegó múltiples actividades. Fue una eficaz colaboradora del Lugarteniente General Antonio Maceo, llevó sus mensajes y cruzó varias veces la trocha de Mariel a Majana. Por sus acciones conspirativas Magdalena fue delatada y enviada a la Casa de las Recogidas de La Habana y como presa peligrosa estuvo incomunicada. Murió muy anciana sin que se hubiera logrado la república “con todos y para el bien de todos”, por lo que tanto luchó. Atesoraba un pedacito de madera del bote en el que Maceo cruzó la bahía de Mariel. El 22 de julio de 1954, se develó un busto de Magdalena Peñarredonda en el Parque Libertad de Artemisa, por su contribución a la lucha por la libertad.

Rosa Robés patriota insigne de SAB

 

También el 22 de julio, pero del año 1876, nació en San Antonio de los Baños una mujer que colaboró con la Revolución iniciada en 1895. Se trata de la Patriota Insigne de la localidad: Rosa María Magdalena de la Merced Martínez Iradi, conocida como Rosa Robés. Sus ideales independentistas se deben fundamentalmente por el ambiente familiar en que vivió. Con solo 17 años ya formaba parte del grupo de Conspiradores del Ariguanabo, organización que desempeñó un importante papel en la lucha por la libertad de Cuba.

Durante la guerra del 95 Rosa Robés mantuvo contacto con el Partido Revolucionario Cubano como delegada del Club “Ignacio Agramonte”. Su vida resulta un misterio y alrededor de su persona existen numerosas leyendas que la convierten en una heroína popular: de cómo salía al campo llevando mensajes ocultos en su abundante cabellera, cómo sustraía telas de la tienda de su padre para confeccionar uniformes y estandartes para los insurrectos, y que fueron sus manos las que confeccionaron la bandera que enarbolaban los mambises de La Habana.

Durante la guerra, los comerciantes del Ariguanabo, y entre ellos el padre de Rosa Robés, estaban obligados a albergar en sus casas a oficiales españoles que llegaban con sus fuerzas al Cuartel del Aclimatamiento, establecido en la parte norte de la villa. Aprovechando esta oportunidad, la joven aprovechaba para obtener información sobre el cuartel militar, registraba las pertenencias de los oficiales y sustraía balas para hacerlas llegar a las tropas mambisas. Rosa Robés fue una digna representante de la mujer cubana. Extremadamente modesta, se retiró de la vida pública durante la República, y falleció en La Habana, el 10 de enero de 1937.

Con una diferencia de 30 años la vida unió en el mismo día de nacimiento a dos mujeres que, en su momento, ofrecieron lo mejor de sí por la independencia de Cuba. La pinareña Magdalena Peñarredonda y la ariguanabense Rosa Robés merecen ser recordadas porque como expresó José Martí: “… es incompleta la victoria cuando no mueve el corazón de la mujer”


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