
“¡Qué bella eres, abuela, ni el tiempo ni las lluvias podrán borrar, en mí, tu huella!/ Las palabras del amor ya nacen siendo promesas”. Esas pudieran ser una de las líneas más bellas del libro “La noche” de la escritora Excilia Saldaña. Un libro que no le debe faltar a nadie, donde no solo aparecen enseñanzas, sino también los más puros sentimientos a través de diálogos y curiosidades.
Miles de preguntas se originan en sus páginas y al momento tienen sus respuestas, pues el dulce amor de una abuela las aclara con la magia de sus palabras… y es que los abuelos son tan importantes en nuestras vidas que, si perdemos la oportunidad de darles todo el amor, tras su partida quedará un vacío sin igual.
El adulto mayor está representado en la mayoría de las familias. De ellos surge la raíz de esta célula fundamental de la sociedad y en su corazón viven las memorias que poco a poco conformaron a cada uno de sus miembros. Por su entrega le debemos respeto, cariño y atención porque como bien se dice los años no pasan por gusto. En esta etapa también ocurren complejas situaciones que, si no atendemos de la manera correcta, pueden desencadenar conflictos e incluso afectar la salud emocional de los mayores del hogar.
Todavía hay quienes piensan que llegar a esta edad es un estorbo y se manifiestan contra ellos. Aparecen los gritos, los maltratos e incluso las ofensas. Pero ¿por qué no regalarles una ancianidad de paz y armonía a nuestros antecesores? El escarmiento no es ajeno, por lo tanto, mi comentario ofrecerá algunas pistas. El resto le corresponde a usted. Sucede que los ancianos necesitan sentirse útiles en el hogar. Es cierto que a veces se ven imposibilitados a una que otra tarea, pero ello no significa arrancar de un tirón el interés que prestan para con los demás.
Hay quienes le “mandan” a coser, escuchar la radio, regar las platas o pasarle un paño a los muebles. En ocasiones pudiera ser una de las alternativas para no verles hacer grandes esfuerzos, pero debemos entender que si ellos están prestos a ayudar así sea limpiando, fregando o haciendo los mandados, no es una limitante; todo lo contrario, ocupamos su tiempo y seguimos manteniendo el lema: “en casa colaboramos por amor”.
Es muy triste encontrarse con vecinos o conocidos, que desandan las calles para satisfacer sus necesidades alimentarias. También están aquellos viejitos obligados a trabajar para mantener al resto de sus “seres queridos” y eso no es justo; más si se trata de alguien que en su momento respondió a los deberes de un hogar. Ahora corresponde reciprocar cada muestra de afecto y laboriosidad que en sus tiempos sirvieron para comprarnos el juguete preferido, el dulce con más chocolate o los zapatos para ir a la escuela.
Si la voluntad les premia sería maravilloso ofrecerles la ocasión. Aquí en esta Isla Antillana son muchas las bondades que el Estado pone a su favor como lo son la Universidad del Adulto Mayor, las casas de los abuelos, los círculos para la realización de ejercicios y la recreación sin dejar de mencionar facilidades en materia de seguridad social, medicina e inclusión.
El amor entra por la casa. Una excelente convocatoria parafraseando en otro sentido. No seamos barreras para imponer límites sino motivos para desarrollar la creatividad. Al tratar estos temas recuerdo las palabras de una buena amiga que repite “como me veo me vi, como me ves te verás”, por tal motivo hagamos de su existencia un mundo feliz. Seamos una razón más para vivir y construyamos el futuro desde el presente porque nuestros hijos ven y harán.
Disfruten de su presencia y si tienen dudas le preguntan: -Abuela, ¿qué pasaría si no estuvieras conmigo?, de seguro le responderá: -No temas, es ley de la vida separarnos, pero viviré eternamente orgullosa de tu entrega y ternura.