Cuba ha abogado en Naciones Unidas por la voluntad política y la educación integral como cuestiones clave para garantizar el acceso universal a los derechos sexuales y reproductivos.
El papel de la educación integral de la sexualidad constituye prioridad para el Estado cubano. Por ello impulsa el desarrollo de programas nacionales de atención a la salud sexual y reproductiva, basados en un enfoque de derechos humanos. El tema cobra relevancia si se tiene en cuenta que en nuestro andar cotidiano se incluyen los términos de libertad, igualdad y dignidad. En Cuba se obedece el derecho a la libertad sexual. Se excluye toda forma de coerción, explotación y abuso en cualquier situación de la vida.
También el derecho a la autonomía, que incluye la capacidad de control y disfrute de nuestros cuerpos, libres de violencia de cualquier tipo, el derecho a la privacidad, a la equidad y al placer. Pienso que otros derechos como la libre asociación sexual y la toma de decisiones reproductivas responsables también han ganado su espacio en nuestro país, incluso en la Nueva Constitución proclamada, a la vez que se enfatiza en la educación, la prevención y el tratamiento médico de todos los problemas y preocupaciones relativos a nuestra sexualidad.
Y en este aspecto, considero primordial asumir una sexualidad de manera responsable, para evitar el contagio de Infecciones de Transmisión Sexual y del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH). Es preciso entonces saber hasta dónde llegar, evitar acercamientos íntimos con desconocidos, eliminar la promiscuidad del actuar sobre todo entre adolescentes, pensar con madurez sobre a quién entregamos nuestro cuerpo, que no es un objeto, y tiene mucho valor. Además, se deben conocer los límites al momento de relacionarse con alguien. Tengamos en cuenta los riesgos de embarazos no deseados, y de las ITS que podrían marcar a un ser humano para toda la vida. Conocernos y cuidar nuestra salud, es tarea única y exclusivamente de nosotros mismos.

