A ellos no les interesa si existe un bloqueo, si la Ley Helms Burton se recrudece o si un magnate acompañado por su pandilla allá en la Casa Blanca, se esfuerza por destruir la verdad de los cubanos. Para ellos no existe pasaporte capaz de impedir su entrada a Cuba y compartir las riquezas espirituales que aquí hace mucho fueron cosechadas, y que todavía siguen dando frutos.
Son Pastores por la Paz, grupos de caravanas que iniciaron en 1992 bajo la guía de Lucius Walker, los que a pesar de las oposiciones, hacen frente a la política hostil norteamericana y traen ayuda solidaria a esta Isla. No lo hacen con el financiamiento de un gobierno “desalmado” sino con lo que recaudan a su paso por distintas ciudades norteamericanas.
Pueden existir diferencias, ganas de derribar la razón de ser de los cubanos…pero ellos han sido a lo largo de estos años, los continuadores de una relación digna, como se puede hacer sin entrometerse en los asuntos internos. Mientras viajan buscando cómo ayudar a Cuba ofrecen charlas y conferencias sobre su realidad, y denuncian aquellos hechos que violan el derecho internacional.
Llenos de amor, desandan cada rincón del país norteamericano, pero no están exentos de sufrir el acoso de varias administraciones. Los aliados de la presidencia estadounidense, siguen intentando cercar las muestras de solidaridad que humildemente destinan a ramas como la salud, la educación y sectores vulnerables. ¡Qué pena!, tantas maniobras imperialistas... ¿para qué? Mejor sería si se unieran a la causa justa y humana que profesan.
Pese a las consecuencias que puedan traer para sus vidas, los caravanistas no se detienen. En varias ocasiones son multados e incluso acusados. Para ellos si es necesario salir a la calle, realizar huelgas, protestas y exigir su paso, con mucha valentía lo asumen.
Pienso que la caravana Pastores por la Paz nos regala una enseñanza de vida: ayudar sin temor a las adversidades. A este mundo le hace mucha falta recibir y dar amor; requiere del respeto muto; exige la solidaridad como única arma para el entendimiento y convida a repensar las maneras de involucrarnos por el bien de los demás. Sirva de ejemplo la buena voluntad de estos hombres y mujeres; a ellos no les interesa qué suceda sino cómo resolverlo.