Niños, adolescentes, jóvenes o la familia toda, transitan por la vía pública fundamentalmente como peatones, y otros, en busca de un medio de transporte que los trasladen al sitio escogido para una buena jornada vacacional.
Y justamente por estos días, se hace imprescindible nuevamente apelar a la responsabilidad de cada cual en el empeño de evitar lamentables sucesos con consecuencias fatales.
Las indisciplinas viales constituyen uno de los factores que inciden en el aumento de estos índices de accidentalidad. Conductores al volante luego de haber ingerido bebidas alcohólicas, otros al timón sin la licencia pertinente para ello.
Las recurridas violaciones de pasos peatonales o señales existentes. ¿Qué decir de la alta velocidad y las competencias al estilo del conocido filme “Rápido y Furioso”, así como vehículos de tracción animal circulando a altas horas de la noche por vías no autorizadas? Apenas unas pinceladas de lo que cotidianamente sucede y donde muchos, sin reparar, ponen en riesgo sus vidas y la de los demás.
Del otro lado de la carta están los peatones, quienes no siempre observan con apego las leyes y normas que contribuyen a preservar sus vidas. En múltiples ocasiones, no se observan las disposiciones de control del tránsito, se obvia el sencillo acto de mirar a ambos lados a la hora de cruzar la calle. Y crece además la moda de llevar audífonos cuando se transita por la vía pública.
Mientras más crecen las indisciplinas sociales, con ellas las posibilidades de la ocurrencia de accidentes. No bastan las alertas, si la conciencia individual no despierta ante la posibilidad de dañar su vida y la de muchos otros en ese acto de irrespeto a la vía.