A la madre de todos los cubanos

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Cada 12 de julio la historia nos premia con el recuerdo maternal. Ella era de esas mujeres que no le temían a nada, digna, coronada de bravura y sencillez. Entregó la más genuina de sus riquezas a la libertad de la Patria y a cambio millones de cubanos prefieren llamarla madre, aun después de la muerte.

Mariana Grajales, la progenitora de los Maceo, cultivó desde su humildad el más sentido amor por su tierra. No dudó en recibir a quienes se unían a la justa causa, buscando acabar con el régimen que asfixiaba a la isla en tiempos de guerra. Su nombre es de estirpe mambisa, de coraje y dignidad. No temía porque a pesar de sentirse oprimida por los lacayos que invadieron sin justificación alguna la isla, sabía de qué estaba hecha.

La heroína, la cobija protectora después de los avatares y la pura dulzura de su persona la hicieron una mujer singular que supo afrontar la caída en combate de sus seres más queridos, entre ellos su esposo y varios de sus hijos. A uno le dijo ¡Empínate, a pelear como tus hermanos, a defender la Patria! Y así fue su firmeza la mantuvo de forma elocuente al despojarse del amor y cargarse de coraje para ver partir su propia alma.

En la historia de Cuba vive, al pasar como estímulo a aquellos que han perdido y han dedicado sus fuerzas a la independencia. Representa sin igual, la rebeldía y el patriotismo de las féminas cubanas; es a su vez un pueblo. Es la más bella flor que desde el llano resplandece en cada amanecer.

José Martí pudo conocer a esta revolucionaria y en una ocasión sobre ella escribió: “¡Y si alguno temblaba, cuando iba a venirle al frente el enemigo de su país, veía a la madre de Maceo con su pañuelo a la cabeza, y se le acababa el temblor!” Mariana Grajales era el ansía de la libertad, los sueños atrapados en el dolor, el criollismo y el honor.


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