
¿Qué tan importantes son los pequeños detalles? Fíjese en ellos y sabrá cuánta aceptación tendrá su negocio, o qué es lo que más llama la atención de los clientes, o por el contrario, sabrá por qué llegan a aquella cafetería y no a la suya.
¿Serán las moscas encima del mostrador, disputándose esas migas de pan? ¿Será la falta de mantenimiento y las paredes sucias del local? ¿Será que Mercy lo saluda con una sonrisa y le atiende con rapidez, mientras, Jorge lo deja esperando con la “palabra en la boca” hasta terminar esa llamada telefónica que no parece tan importante?
En efecto, los pequeños detalles, el trato cercano y la relación que se establece entre la marca o un establecimiento cualquiera y el cliente, son fundamentales a la hora de garantizar una experiencia satisfactoria y una relación a largo plazo. Es por eso que cualquier compañía debe prestar especial atención a este aspecto y cuidar al máximo el contacto con sus consumidores y también con los potenciales clientes.
Pero sin llegar a la magnitud de una compañía, comenzando por un simple negocio de trabajo por cuenta propia, tan visible en la Cuba de hoy, vemos que la atención al cliente debe arraigarse cada vez más a la cotidianidad, aún cuando no exista esa cultura de la competencia sana, que en países capitalistas se lleva incluso a los extremos.
Aunque no en todos los casos, sí hay cuentapropistas que aplican la buena atención y los detalles como carta de presentación para ganar clientela, y mantenerla después.
Este afán por despertar el interés ya se observa también desde las redes sociales, donde cada vez se encuentran más páginas promocionales de negocios particulares. Desde el marketing, la publicidad, videos promocionales, multimedia y la infografía, también se ganan seguidores, que a la vez pueden convertirse en clientes.
No hay nada más importante que la opinión de un consumidor. Su satisfacción será la garantía que llevará a otras personas a confiar en ese taller, esa peluquería, ese restaurante. Todo ello sumado por supuesto a la calidad en el servicio, la garantía, la higiene del local, el confort, la eficiencia en el servicio y la sonrisa -muy importante- que a veces logra más que las palabras o una buena imagen.
Por eso es tan necesario cuidar al cliente. Ello se traduciría en ganacias, pero también en prestigio, reputación. Válido, no sólo entre particulares, sino también en el sector estatal, ávido de buen trato al cliente y de cambiar estados de opinión que por años han sido negativos.
Es hora de fijarse más en los pequeños detalles, porque sí marcan la diferencia.

