Salvas de artillería, honraron los restos mortales de Ernesto Guevara de la Serna, (Che), y otros compañeros de la guerrilla, caídos en Bolivia. Era el 12 de julio de 1997, cuando llegaron los osarios a Cuba, por el aeropuerto militar del municipio de San Antonio de los Baños, en la actual provincia de Artemisa.
El Comandante en Jefe Fidel Castro presidió la ceremonia de recibimiento que millones de cubanos observaron a través de la televisión nacional; y en la cual, la hija del Che, Aleida Guevara March, evocó con sus palabras a los jóvenes audaces.
Tras minuciosas investigaciones históricas y trabajos geológicos en Bolivia; científicos cubanos hallaron los restos del Che y otros combatientes en una fosa común anónima en Vallegrande, poblado a 240 kilómetros de Santa Cruz, capital departamental.
Los restos mortales del Guerrillero Heroico, y los de su Destacamento de Refuerzo, reposaron temporalmente en la Sala Granma del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, en La Habana y tres meses después, fueron sepultados con honores militares, en los nichos del Memorial Ernesto Che Guevara, de Santa Clara; donde la llama eterna acompaña al paradigma de integridad revolucionaria, al argentino de nacimiento, y cubano por derecho y convicción, cuyo ejemplo es inmortal.