
Aquí, cultura e identidad van de la mano
¿Qué significa ser cubanos? Aquí, cultura e identidad van de la mano. Son muchos los valores que nos identifican y distinguen a nivel mundial como cubanos, y nosotros, como tal, debemos defenderlos, con el objetivo de que prevalezcan durante las sucesivas generaciones.
Nuestros hijos deben conocer que esta isla donde nacieron es rica en variedad, somos una mezcla sui géneris de costumbres, razas, religiones, hábitos y estilos de vida, aunque nos unen tradiciones y joyas de la cultura que no pasan de moda, que no se olvidan y no se pierden con el paso de los años.

El Son de la loma, La bella del Alhambra, el Cristo de La Habana, el Cobre en Santiago de Cuba, los puentes de Matanzas... La sonrisa permanente, el choteo –incluso cuando el dolor nos mata- la tacita del caliente, amargo, fuerte y escaso sorbito de café, no solo en la mañana, la rumba en los solares, el país detenido por un juego de béisbol, la yuca con mojo, el pan con lechón, compartir con un vecino aunque tengamos poco o en pleno apagón, la bandera nacional en un altar junto a una foto de Fidel, no aceptar injusticias, los zapaticos de rosa, comparsas, carrozas, congas, el negrito, la mulata y el gallego del teatro vernáculo, la Guantanamera o el juego de quimbumbia… Dudo que usted no reconozca algunos o todos estos elementos, que sólo son propios de Cuba. Son manifestaciones identitarias culturales cubanas y hoy, cuando se aplica el título tercero de la Ley Helms Burton, cuando osan arrebatarle a

Cuba lo que le pertenece, lo cual es una causa perdida, es válido en mi criterio, defender también estos símbolos de la cubanía. Desde cada barrio, es posible arraigarse mucho más a las costumbres que nos han marcado, y dejar a un lado ese consumismo visible en países desarrollados, dejar a un lado la tecnología por un rato y detenerse a leer un buen libro, o a tocar una guitarra, o a jugar bolas en la calle, defender los valores que tantas generaciones nos legaron es también que suene un punto cubano o un danzón en alguna fiesta popular, y no solamente el reguetón, es que vayamos a bailar con la Orquesta Aragón, nosotros, los jóvenes, que no estuvimos junto a ella en sus 80 años de vida artística.
Ser cubanos es ser únicos. Especiales. Ese es el significado que mejor se adapta a lo que tenemos dentro, a esta sangre que nos corre muy dentro, acelerada a veces, inquieta, caliente. Cuando portamos un sombrero de yarey y esa guayabera que aún se observa por los adoquines de La Habana, cuando hacemos manualidades y “maravillas” con cualquier material reciclable, cuando renovamos lo roto, lo raído y lo convertimos en algo útil... nos sabemos cubanos al ciento por ciento.
Esas son las maravillas que nos hacen diferentes, las que no se difuminan por más que algunos insistan en vender al mundo otra imagen, falsa y tergiversada.

