''El Programa del Médico y Enfermera de la Familia en sus 35 años de puesta en funcionamiento contribuye de forma notable a los indicadores sanitarios que exhibe Cuba, comparables con los de naciones desarrolladas”. Este fue el lead (en término periodístico) o el primer párrafo de una información publicada en Internet el 4 de enero de este año, a propósito del aniversario de este programa.
Pero es cierto que el tiempo es implacable, y borra muchas de las características que definieron a algo o alguien en el pasado. Hoy, a más de tres décadas de su surgimiento, los consultorios del médico y la enfermera de la familia, han dejado de cumplir su función, claro, no en todos los casos.
Para empezar, en San Antonio de los Baños, deberían cambiar su nombre, porque de los 42 consultorios existentes, 15 permanecen sin médicos, en otros, existe el galeno, pero no la enfermera, y algunos, al permanecer cerrados, no cuentan con ninguno de los dos profesionales de Salud.
Esta es sólo una arista, aunque quizás la más importante del tema de este comentario, nacido a propósito de los debates generados al respecto en la más reciente sesión ordinaria de la Asamblea Municipal del Poder Popular.
Allí se habló de todo, sin tapujos, sin temores, frente a las autoridades de la Dirección de Salud Pública, que apenas se enteraban por los delegados de lo sucedido en muchos casos. Hacinamiento, poca privacidad, ausencia de esfígmor para tomar la tensión arterial, de recetas y de modelos de certificados, de ventilación, de higiene... luego, médicos que asumen a los pacientes de dos y hasta 3 consultorios, tanto en zonas urbanas como rurales. Además, se quejaban de niños lactantes que a siete meses de nacidos nunca han recibido la atención en el hogar, lo cual es un deber de las enfermeras en sus llamadas consultas de terreno.
En lo personal, he experimentado fenómenos como estos desde que el embarazo me convirtió en visitante asidua de mi consultorio, en el cual me atendieron 3 doctoras en menos de 9 meses. Hoy, no se dispone de un médico en esta área, salvo la pediatra, cuando viene, dos veces al mes. En circunscripciones como la 43, por ejemplo, del Consejo Popular Oeste Urbano, tampoco se estabiliza el trabajo del consultorio.
Es cierto que lo dicho también responde a factores subjetivos. Existen las licencias de maternidad, los certificados y los problemas familiares, porque al cabo, los médicos también son seres humanos, aunque a veces se les sobrecargue de trabajo o parezca que no necesitan descansar.
Y más allá de las necesidades materiales que siempre han existido, soy del criterio que un mayor control por parte de las autoridades correspondientes frenaría ese desorden, las inasistencias injustificadas que tanto afectan a pobladores, las puertas cerradas... Estos ejemplos son más que problemas de salud, porque traspasan los límites del respeto y la ética, sobre todo hacia los ancianos y otros grupos vulnerables que no siempre pueden trasladarse hacia un policlínico para recibir atención inmediata.
Desde 1984, cuando por iniciativa del Comandante Fidel Castro, surgen estos consultorios, muchos se han transformado. Pero no olvidemos que su misión, a través de diferentes programas y consultas de seguimiento, sigue siendo en resumen, mejorar la calidad de vida de la población.