Hernán Yglesias, uno de los directores de programas de Radio Ariguanabo. Foto: Alejandro Lóriga Santos
¿Qué música prefieren escuchar los jóvenes de estos tiempos? ¿Por qué se transmiten a través de las diferentes plataformas, contenidos vulgares y las mal llamadas “obras” que no aportan a los valores humanos? Tras la respuesta de dichas interrogantes conversamos con el Dr. Hernán Yglesias Villar, destacado realizador de la radio y miembro de la Uneac en la provincia de Artemisa.
Los jóvenes lógicamente seleccionan el tipo de música que prefieren escuchar, sin embargo, hay momentos en los que parece que la música los selecciona a ellos. ¿Qué factores pudieran incidir en este fenómeno?
Está relacionada con las industrias culturales, en especial la industria de la música. Ella hace un tipo de música “en serie” –casi todas se parecen, con el objetivo de vender; también se condiciona por un grupo de estrellas y los jóvenes se conectan por las ventajas de los medios de acceso, más la internet. Antes esperábamos por la radio y la televisión, pero ahora hay otros canales difusores que influyen e inciden sobre el gusto de este grupo. En nuestro país queda un hábito que se hizo desde el comienzo de la radio allá en los años 20 del pasado siglo: fue el hábito de consumir la música hecha por la industria.
Entrando un poco en las letras vulgares. Percibimos que la mujer, el consumo de drogas, la moda y los problemas sociales son puntos de partida de las canciones que hoy emergen de dichas industrias. ¿Cuánto puede transformar al individuo, el hecho de repetir y ser parte de esas composiciones?
Vamos a partir de algo. Todos los ritmos son válidos, desde los muy elaborados hasta los populares mucho más simples. Vale tanto, como ritmos, una pieza de grandes maestros de la música instrumental como el son o el reggaetón. ¿Qué sucede? La cuestión está en lo que se compone. Lo malo es una letra en sentido negativo que vaya a exhalar los contravalores. Evidentemente estos temas contribuyen a transformar al individuo porque hoy se está desatando un fenómeno que crece: las personas se pasan muchas horas al día escuchando música y se reciben todos esos mensajes. Ya son pocas las personas que ves sin audífonos en sus oídos, por lo tanto, ahí coexisten puntos vulnerables que pueden ser “manipulados musicalmente”.
¿Los medios y la Uneac pueden cambiar la realidad? ¿Qué tanto resta por hacer?
Por hacer falta mucho, pero se está haciendo y eso es lo importante. La Uneac hizo un llamamiento a todos los artistas para mejorar en la calidad y que los medios difundan la amplitud de música que hay en nuestro país y en el mundo. En Cuba se componen obras de altísimo valor, sin embargo, no se está difundiendo. ¿Qué debemos hacer los medios? Nunca ignorar las nuevas tendencias musicales; hay que seleccionar. De cada ritmo debemos transmitir lo mejor, y lo que no atenta contra nuestros principios como sociedad. El reggaetón no es el problema, tenemos que defender la buena música que es la identidad… y hay compositores del género que sí demuestran inteligencia, cubanía… sentimientos en aras de fortalecer nuestra posición cívica, moral y familiar.
No puedo terminar sin antes preguntarle: ¿cuál es la música buena y cuál es la mala?
Ese es un criterio difícil. Una discusión que va más allá del marco de las intenciones. No debemos decir “buena o mala” música sino música que ayude a acrecentar los gustos, que aporte desde el punto de vista de la estética y está del otro lado la que trasmite lo contrario, o sea, hecha a partir del facilismo.
¿Hay una oportunidad entonces para el cambio?
Por supuesto. Estamos luchando para que ocurra ese cambio, pero ahí deben acompañarnos los decisores y el resto de los medios. La radio no puede ir por un lugar y las discotecas por el sentido contrario. Debe haber una coordinación, porque mientras exista un divorcio, la causa seguirá siendo débil, preocupando a muchos y lejos de solucionarse.


