
Llegaron los meses de lluvia, el agua bautiza regularmente a San Antonio de los Baños y con ella y sus residuos se establecen en nuestra casa huépedes a los que nunca brindamos nuestro hogar.
Sin pedir permiso, y sin importar la hora toman como aposentos cualquier espacio de la vivienda, da igual en el interior o sus exteriores. Solo necesitan las condiciones mínimas, un poco de agua estancada y ya está.
Entonces aparece lo que no esperábamos. Ese sonido constante en nuestros oídos, las picadas que te llegan al alma, como decimos en buen cubano y después la roncha que a veces hasta se infecta. Y si corres con suerte te quedas con el pinchazo y el sonidito, pues en los peores casos ese huésped nombrado Aedes Aegypti, tambien sin preguntarte te dona un dengue, zica o chikungunya. ¡Cuántos riesgos para la vida, por propiciar su estancia en tu propia casa!
¿no los invitaste?¿cómo vas a ser amigo de un mosquito y su parentela? Eso está claro, pero sí eres responsable de su estancia, porque en tu morada existen las condiciones para que ellos vivan, se reproduzcan e infecten a todos los humanos que le rodean.
Eres responsable porque tu patio está lleno de hierbas, casi nunca lo chapeas, también el tanque donde acostumbras acumular esa agua de lluvia que se hace imprecindible cuando el líquido no llega por las tuberías, está destapado y facilmente sin una lupa, se ven las larvas de mosquitos remoloneandose entre el lino y el borde del recipiente. La goma del carro abandonado, tambien recolectó H2O con la lluvia del lunes ¿y las latas de cerveza vacías que dejaron los amigos de tu hermano el día de los padres sobre la maceta con tierra?.
Eso es en el patio, dentro está el vaso con agua que te resguarda de los malos espiritus, eso tambien hay que limpiarlo, cambiar el líquido, al igual que a las flores que regaló a tu hija adolescente el nuevo Romeo de su aula. Cualquier detalle que se olvide te puede hacer cómplice de este huésped. Es verdad que en nuestro municipio existe una brigada con un personal calificado para protegernos y atacar al vector. Pero no hay que esperar que llegue un compañero a la casa para decirnos a nosotros los que vivimos ahí, cómo actuar ante el mosquito. Existe una necesidad de implicar a toda la familia en el autofocal que consiste en realizar todas estas labores que mencionaba anteriormente.
Considero que cada núcleo debe organizar y velar su morada, cuando baje un poco el sol en las tardes echar un bosquejo por el patio, y espantar a esos seres que no son músicos y logran hacer un sonido irresistible, no son jeringuillas y sus picadas son molestas como una aguja y lo peor: puede provocar la muerte, sin tener la fuerza de Hércules, ni el tamaño de un león.