El pueblo de las colas

64499837 10211969634516103 426305190941949952 n Texto y fotos: Maivy Cruz González
Por estos días, a muchos ariguanabenses les aflora ese sentido del humorismo que bien refleja el hecho de haber nacido en la Villa del Humor. Y es que nombrar a San Antonio de los Baños el pueblo de las colas, me parece risible, pero sobre todo lamentable, porque evidentemente, indica la situación actual con respecto a la venta de productos en todas las cadenas comerciales, pues al no existir un abastecimiento constante, el producto no está comercializable todo el tiempo y como se dice en buen cubano “hay que aprovechar”.

Es válido destacar, que jocosamente, también he escuchado decir que “en este pueblo nadie trabaja” ¿por qué? Pues basta caminar un poco por la avenida 41, a cualquier hora del día, y ver el tráfico de personas, “resolviendo un problema”, como le llaman a la excusa ante la ausencia a su centro laboral.

Se les encuentra haciendo las largas filas en la tienda de moneda nacional perteneciente a la Unidad Empresarial de Base de Comercio, Gastronomía y Servicios, para adquirir los jabones, la pasta dental o el detergente líquido, tres de los productos de mayor demanda actualmente en este establecimiento, luego de las nuevas regulaciones que controlan su expendio.

Otro ejemplo lo hallamos recientemente en las afueras de la Ferretería “Los Barateros”, cuando medio pueblo, prácticamente, añoraba los ventiladores y las lavadoras. Y qué decir de la cola de la carnicería “La única”, detrás del aclamado pollo y de vez en vez del picadillo de res.

Pues sí, es un hecho que últimamente la población se desespera en espera de estos alimentos, como sucedió hace un par de meses con el aceite y ello, trae disgustos, molestias e indisciplina, si escuchamos las opiniones de quienes llevan todo un día en esa cola, con más esperanzas de poder alcanzar el producto, que dinero en la cartera. 64318787 10211969634716108 5153897391547482112 n Criticar es de sabios, pero llamar la atención cala más hondo, pues últimamente se da el caso del desorden en estas aglomeraciones de personas. Aparecen los amigos de los dependientes, los dependientes, los hijos de los dependientes, y cuanto familiar allegado se entere de que han surtido. Entonces pasan, uno tras otro, burlando a quienes están marcando por orden de llegada, desde bien temprano, y se irritan al ver tamaña falta de respeto. Y algunos dirán, “el que tiene padrino se bautiza...” pero considero injusto que muchos se queden a las puertas, cuando anuncian que se agotó el producto, como ha sucedido.

Hoy, las regulaciones del Comercio gozan de notable aceptación, pues se evita el acaparamiento de los artículos de primera necesidad y cada cual puede acceder de alguna manera o en algún momento a lo que demanda. Se han incluido otros alimentos, antiguamente liberados, como el chícharo, en la canasta básica. Se ha sustituido el yogurt de soya para niños de 7 a 13 años por la leche en polvo temporalmente, y se han surtido de pescado algunos establecimientos, entre ellos el Mercado Ideal. Ahora bien, más allá de que sólo se entreguen dos paquetes de pollo, o su equivalente hasta 6 Kg, más allá de que solo se vendan 3 jabones de tocador, dos de lavar, una pasta y un detergente por consumidor, la esencia está en el respeto, tanto de quienes llevan toda la mañana al sol, como de quienes deberían controlar más la comercialización, dentro de las tiendas.

Es vital, para que esta situación, que es inusual y atípica, no cree mayores problemáticas entre los ariguanabenses.


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