
La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible afirma que «estamos decididos a proteger el planeta contra la degradación, incluso mediante el consumo y la producción sostenibles, la gestión sostenible de sus recursos naturales y medidas urgentes para hacer frente al cambio climático, de manera que pueda satisfacer las necesidades de las generaciones presentes y futuras.
Específicamente, el Objetivo 15 recoge nuestra determinación a detener la degradación de la tierra. Y sí, esta es uno de los tantos respaldos legales que ayudan a combatir la desertificación, la sobreexplotación de los suelos, las sequías, pero lo más importante, es parte de las acciones dispuestas a revertir la situación ecológica que sigue latente en los tiempos que corren.
¿Cómo sería la vida del hombre sin un lugar para sembrar los alimentos, darle de pastar a los animales o mantener el equilibrio de la propia naturaleza? Creo que sería toda una catástrofe porque el suelo o la tierra como también se le conoce, es un elemento sustancial para la existencia y el desarrollo sostenible. Evidentemente se trata de una compleja amenaza que irrumpe con fuerza causando más muertes, bajos índices socioeconómicos y el desplazamiento poblacional.
Si analizamos un poco cómo se comporta el impacto de la desertificación y la sequía quizás se alarme al decirle que de cara a 2025, 1800 millones de personas vivirán una escasez absoluta de agua. Además, dos tercios de la población mundial no dispondrán de suficientes recursos hídricos. Pero eso no es todo, en 2045 alrededor de 135 millones de personas en todo el mundo pueden haber sido desplazadas como consecuencia de la desertificación y según lo reveló un estudio, la restauración de suelos en ecosistemas ya degradados puede conducir a la absorción y almacenaje de hasta 3000 millones de toneladas de carbono cada año… entonces, ¿qué le corresponde hacer a cada cual? ¿Seguimos desentendidos de tema o nos involucramos?
Hoy es una jornada provechosa para referirnos a la situación de los suelos porque la tierra es vida y debemos cuidar de ella. En el mundo entero, cada 17 de junio se celebra el Día para Combatir la Desertificación y la Sequía con el fin de concienciar acerca de las iniciativas internacionales para combatir estos fenómenos. Es un día para reflexionar sobre las alternativas que pudieran ofrecer soluciones, con una firme participación de la comunidad y cooperación a todos los niveles, al decir de la Organización de Naciones Unidas (ONU).
La pobreza, la deforestación, el sobrepastoreo y malas prácticas de riego también afectan negativamente a la productividad del suelo, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria. Por ende, corresponde a muchos sensibilizarse con este creciente problema que requiere de educación, difusión de contenidos, campañas, conferencias y exposiciones sobre la cooperación internacional para combatir la desertificación y los efectos de la sequía… pero “actuar” será el único acuerdo para cambiar la realidad que se vive en zonas secas donde habitan las personas y los ecosistemas más vulnerables del planeta.
Sirva este día para recordar entonces, que se puede neutralizar la degradación de las tierras mediante la búsqueda de soluciones. Los suelos lo necesitan, así que desterremos las erróneas prácticas que nos hacen cada día más vulnerables y sembremos la conciencia que requiere este mundo y que desde hace mucho nos falta.


