
Hoy, cuando se acerca una vez más el 14 de junio y conmemoramos en Cuba el natalicio de Antonio Maceo Grajales y Ernesto Guevara de la Serna, puedo recordar perfectamente los versos que aprendí de memoria en primer grado sobre esta efeméride y además las anécdotas que enaltecen a estos dos pilares en el libro que guarda la historia de Cuba.
No se me hace difícil caracterizar estas personalidades y todo ello porque en nuestro país el sistema educacional tiene entre sus tareas fundamentales la formación del amor a nuestros héroes y mártires. Desde pequeños los niños cubanos reconocen a José Martí en una fotografía, saben que escribió la Edad de oro, incluso recitan algunos de sus versos o desean convertirse en personajes de sus cuentos y es que nuestra historia y los que la conforman es una plataforma de antepasados, que sostiene el por qué de lo que somos hoy y la realidad que nos antecedió.Conocerla considero es una oportunidad que no debemos descartar y que por estos tiempos debe fortalecerse sobre todo con las nuevas generaciones.
Un niño cubano necesita saber quiénes fueron los que se lanzaron en la gesta del Moncada, en el Asalto al palacio presidencial y muchos otros hechos contundentes de la historia. Las oportunidades del presente enriquecen este trabajo, pues es mucho más fácil consultar bibliografías incluso digitales que aportan este conocimiento. Además, no solo el sector de la educación está implicado en el trabajo. Por ejemplo, desde la cultura se incita al estudio de nuestro pasado y sus héroes, intencionando el arte con el contenido histórico en concursos de poesía, como el Leer a Martí, o de artes plásticas y de composiciones musicales. Pero existen eventos dedicados a personalidades y todas estas acciones constituyen vías de acceso para que las nuevas generaciones conozcan sobre los hombres que lucharon por esta tierra y hoy ya no están físicamente.
Considero que a medida que pase el tiempo se deben ir buscando nuevas alternativas, a veces me pongo a pensar, como le explicaré a mis hijos sobre un Fidel que tuve la oportunidad de conocer y ellos no, o un Juan Almeida Bosque, que creció en la lucha armada en La Sierra Maestra y hasta hace muy poco tiempo nos brindó su amor, sus historias y hasta sus canciones a todo el pueblo. Es una tarea difícil, pero que debe continuar priorizándose para los que van creciendo ahora en esta isla antillana y para las futuras generaciones que están por venir y que por su condición de cubanos necesitan conocer a los héroes y mártires del gran Caimán verde.