El eterno resguardo de un padre ejemplar

PORTADA FIDELLLFidel Castro         
Él es ese padre que todos desearíamos tener, aun cuando el nuestro: “el verdadero”, es único en el mundo. Lo digo en presente porque sigue vivo y vigilante como siervo de una Cuba mejor…permanece allá desde lo alto contemplando cómo crecen sus hijos a pesar del dolor latente tras su partida. Fidel, es otro de nuestros padres; lo demostró tantas veces que hoy sería imposible no recordarlo cuando el mundo entero abraza a los hombres creadores de sueños.

Mientras intento describir su grandeza para entender el sentido de su esencia, lo veo abrazar fuertemente a Aleida Guevara March de pequeña; Fidel era su segundo padre. Y en un testimonio Aleida confiesa que, tras leer la carta de despedida del Che, en la que terminaba diciendo: “un beso grande de papá”, su corazón de hija se detuvo, pero volvió a latir porque no estaba sola…el amigo de Guevara se hacía cada vez más cercano, necesario y oportuno. Ahí comenzó la gran historia de dos familias, convertida poco después en una sola: la familia de la Revolución.
Aleida-Plaza1-580x450Aleida Guevara March junto a Fidel y el Che

Imagino sus palabras sencillas, cálidas, llenas de magia intentando calmar a dos pequeñas que recién se enteraban de la pérdida de su padre. Jamás volverían a estar solas porque eran hijas de la Patria y sus lágrimas se calmarían. De él Aleida lo recuerda diciendo: “cuando alguien muere como quiere, no se debe sufrir por él” … por lo tanto ellas sabían que su papá Che partía complacido luego de cumplir con el deber. Pasaron los años, crecieron y a pesar del vacío que sentían, ese hombre, apto para cualquier circunstancia, llenaba de cariños el corazón de sus almas afligidas.

Al parecer no le bastó a Fidel, justo en la despedida del siglo XIX, su instinto de protector volvía a emerger bajo circunstancias diferentes, pero igual de triste. Una vez más le correspondió asumir el rol de padre para que regresara sano y salvo a casa el niño Elián González.

“Yo venía de un lugar donde me hablaban horrores de Fidel, y en otro lugar mi papá me comentaba de un amigo que nos había unido. Yo quería conocer a ese hombre. Él no me fue a recibir al aeropuerto y me vio al concluir el primer grado. Fidel entró a una habitación y aspiró todo el aire que allí existía. Tenía una forma particular de crear complicidad con las personas…al instante se hizo mi amigo”, reseñó Elián González en una entrevista ofrecida a una periodista del Telecentro de Matanzas.

ElianFidel con Elián González

“Me regaló una caja de bombones y La Edad de Oro y después me dijo: ten cuidado no te leas los bombones y te comas el libro. Así rompió el hielo y empezó a ser el padre, sin dejar de ser amigo; el padre al que quería enseñarle todo lo que lograba para que se sintiera orgulloso de mí. Aunque quedaron muchas cosas que quise mostrarle…”

Ese era Fidel, el hombre que supo ganarse a su pueblo, a sus hijos. No hubo tormenta, por difícil que fuera, capaz de separarle de los suyos. Su amor, envuelto en la gracia de su persona, la sencillez y la sabiduría llevaron a millones de cubanos por la senda de la gratitud; esa que no se piensa en recibir, más estamos obligados a profesar.

En una ocasión el Apóstol preguntó: “¿qué nubes hay más bellas en el cielo, que las que se agrupan, ondean y ascienden en el alma de un padre que mira a su hijo?”; y hoy ya entendemos qué o quién brilla cerca de ese cielo. Su nombre es Fidel Castro… el padre de los agradecidos. El espíritu celoso que no pierde ni por un segundo, la vista sobre sus hijos.


Del Municipio

Culturales

Deportivas

Provinciales