La parada de La Ceiba ubicada en la calle Vivanco de San Antonio de los Baños. Fotos: Uchy Maylen Perdomo Eng
El hombre en su afán inteligente, a veces, piensa con los pies. Desde luego, no soy absoluta pero, contemplo un mal en ascenso que un día nos traerá dificultades irreversibles. Si le mencionara indisciplina social, tal vez le parezca aburrido. Puede ser, y si ya lo pensó, no lo culpo. La lista sería extensa y mi agenda se agotaría de anotar ideas con ejemplos para comentar.
Los medios de comunicación y los periodistas, mes tras mes, tienen algo que decir al respecto. Si conversa con cualquiera le aseguro que el tema no se escapa. Entonces viene aquello de que los cubanos somos buenos en teoría, pero malos en la práctica.
El hecho que aquí les traigo puede parecer sencillo. Seguro una foto en el periódico remedie la situación en un abrir y cerrar de ojos, pero le aseguro que esa no es la cuestión. Limpiar para cumplir una queja y luego todo vuelve a quedar igual, ese no es el objetivo. Mi propuesta se dirige a la responsabilidad que tenemos todos en el cuidado del entorno. Al final la insalubridad termina afectando nuestra salud. Las bacterias, hongos y virus parecen ser más perspicaces que nosotros, lo dicen estudios recientes. Ellos continúan mutando para hacerse resistentes a los antibióticos y nosotros le facilitamos el medio para crecer. No me cree, enseguida le cuento. Hace unos días estuve por más de una ocasión en la famosa parada de la Ceiba, en San Antonio de los Baños.
El lugar, punto de salida y regreso de rutas con destinos a otros municipios y a las provincias Mayabeque y La Habana, está en condiciones deplorables. La parada con poco tiempo de remodelación ya se encuentra sucia. Las paredes lucen inmensos letreros declarando amor entre parejas. La majestuosa Ceiba ha perdido su espacio. Pomos, cartones, papeles, imágenes de santos rotos y todo tipo de envoltura, aportan el retrato de un basurero. Si este árbol pudiera hablar no dudaría solicitar ser trasplantado. Para rematar su desgracia, ahora el aire se vuelve fétido porque aumentan las ofrendas religiosas de cocos y huevos. También se hacen hábito los restos de animales muertos o sacrificados.

La basura se deposita en las raíces de la ceiba, que da sombra a los que esperan su transporte.
Triste realidad para la Ceiba que purifica nuestro aire y acoge los daños espirituales. Crudo precio tiene que pagar el árbol sagrado por excelencia de los Yoruba, donde se le da de comer a los muertos porque arriba del árbol está sentada una santa que llama a los espíritus, a todas las ánimas. Ella nos regala vida y nosotros la asesinamos lentamente.
La solución no puede recaer solo en los servicios Comunales y el Consejo de la Administración. Si no recogen la basura es malo, también que no existan depósitos en el área, pero lo más dañino es que después de pasar el carro, nosotros sigamos botando lo que nos sobra. Es tiempo de pensar y accionar responsablemente para que nuestra parada de la Ceiba tenga una mejor cara. La solución también está en nuestras manos.