Foto: Alejandro Lóriga.
Son las siete de la mañana y a mamá se le hizo tarde. Paulita ya tiene su muñeco preferido, desayunó y las motonetas están cargadas de esas felpas de colores que tanto le encantan. Dice que hoy es un día feliz, pues la seño en el círculo les contará la historia de un niño llamado Alfredo; él vive en el campo, empina papalotes y le encantan las frutas que cosecha su padre Miguel.
Ella ve que su mamá anda un poco atormentada; apenas sabe que sucede, pero igual la apura de vez en cuando. No quiere perderse el mágico comenzar de las historias con el Había una vez… que la transporta junto a sus amigos, a mundos imaginarios e increíbles. Sabe que se siente tan real porque la seño Marta narra como nadie. Hace los sonidos de las aves, del viento… se siente el cantío de los gallos y hasta las olas del mar. ¡Nos vamos! - escucha Paulita desde la cocina. Se cuelga su maleta pequeña cargada de juguetes, toma la mano de su madre y salen juntas por la acera del frente.
Todos los vecinos van diciendo ¡Felicidades Paula!, pero ella no sabe a qué se debe. ¡Mamá! - le dice en voz baja, ¿por qué me felicitan, si hoy no es mi cumpleaños? Es cierto, mamá no por gusto se levantó más temprano que nunca. –No sé, deberíamos llegar hasta el círculo para ver si alguien sabe, responde cómplice.
Quien me contó esta historia dice que el trayecto rumbo al centro infantil al que asiste Paulita estuvo lleno de sonrisas, cosquillas y besitos. Ya eran las 7:30 de la mañana, la seño Marta estaba en la puerta como de costumbre, pero lucía diferente: las paredes tenían personajes de las historias de cuentos anteriores, había una piñata grande, muchos dulces y globos. ¿Qué sucede mamá?, insiste la pequeña. Hoy es el Día Internacional de la Infancia mi amor, respondió Marta. Hoy es un día para quererlos más. De repente Paula empezó a saltar, llamó a sus amigos Pedrito y Susana…y entre todos cantaron el felicidades. Pero ¿y el cuento del niño que se llamaba Alfredo?
Pues también formaba parte de la celebración. No era del todo un cuento, sino una realidad. Resulta que Alfredo era el niño nuevo del salón, vivía en el campo con su papá porque su mamá de pequeño no le acompaña; eso significa que, aunque las cosas no sean como deben ser, siempre nuestros niños tienen alguien cerca que los ama y se preocupa; el papalote –que por cierto lo llevaba consigo, representa la libertad. En Cuba ningún niño vive bajo cercos, pueden ir a cualquier parte y disfrutar con la familia los encantos de la Isla. ¿Seño, y las frutas?, preguntó Miguelito, otro del grupo. Las frutas, las que cosecha su padre están aquí -respondió, en los dulces y el rico cake de fresas. Ello nos demuestra el valor de compartir lo que tenemos con el resto, así contribuimos a que sean felices también.
Paulita se dio cuenta de inmediato los encantos de este día. Mamá se demoró porque preparaba ricos buñuelos y los vecinos la saludaban porque hoy es el Día Mundial de la Infancia; una jornada de entendimiento y amor. Es además una festividad dedicada a los padres, madres y familiares que hacen todo lo posible para que nuestros pequeños se enriquezcan de la sabiduría que le hará grandes en el futuro.
Este día, de círculo y cuentos, a pesar de ser especial, dejó en los pequeñines de ese salón muchas enseñanzas. Una vez más constatamos que no vivimos de quimeras sino de realidad porque como dijera el más grande de los infantes, el Comandante Fidel “… podemos decir que cualquier niño… tiene más posibilidades de educación, en mejores instituciones educacionales y con mejores maestros... ¡Eso sí es justicia! ¡Eso sí es igualdad! ¡Eso sí es libertad! ¡Eso sí es dignidad! ”

