“Un bosque, Felo y Martí”

12 x 16 aEscribir su nombre en Google es encontrar miles de resultados inmediatos. Pronunciarlo, es evocar a José Martí... Conocerlo, es entender que la voluntad y el amor pueden crear obras de arte, aún, cuando sé que es un guajirito del Ariguanabo, con sombrero de yarey y machete en la cintura. Decir Felo, es decir Martí, es decir Bosque... son la misma cosa.

Hablo de Rafael Rodríguez Ortiz, por si hay alguien todavía en este pedacito de tierra que no lo conozca, a pesar de que su espíritu de lucha constante, de fortaleza, de vigor, le han ganado cada espacio de su localidad, y a su gente.

Pues sí, cuando llega otro 19 de mayo, llega el aniversario de la caída en combate del Apóstol, y a la vez, cumple el Bosque Martiano sus 25 años de creado.

12 x 16 f No fue el dinero, no fue el presupuesto, tan demandado por estos días, el que levantó un área hermosa dentro de San Antonio de los Baños, en el lugar que alguna vez ocupó un vertedero de basura. No fue el interés económico, ni el ánimo de lucro, lo que han convertido al Bosque Martiano en lo que es… han sido el amor a la Patria, a la naturaleza y el respeto a José Martí los pilares de esta edificación natural, de esta aula-casa ecológica al aire libre.

Con más de 70 años en su piel, Felo, modesto, desinteresado, humilde, ha plantado juntos a pioneros, jóvenes, políticos, practicantes de religiones, personalidades de la cultura cubana y otros tantos, las 54 especies mencionadas por Martí en su Diario de Campaña de Cabo Haitiano a Dos Ríos. Dicen, que lo sabe de memoria, que estudia su obra, sus frases inspiradoras, y algunas las coloca, allí, en esas enormes piedras que con empeño ha traído desde lugares insospechados.

El 19 de mayo de 1994, día de la creación del Bosque Martiano, los niños de la comunidad sembraron 14 o 15 posturas de naranja, güira, almácigo, ateje, copey, majagua… , en esos solemnes momentos, Felo pronunció palabras inolvidables, al expresar algo así: «“¿Sienten el silencio?, ¿ven bien cómo está todo? Pues muy pronto el silencio va a ser roto por el trino de las aves y esto se va a llenar de flores, de frutos...”.

Y así fue. El bosque martiano de Ariguanabo es un hermoso rincón de tierra cubana repleto de felicidad, de paz y de música, donde el canto de las aves se mezcla con la risa de los niños, donde se conoce, se respira y se vive la Historia de Cuba.


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