Rafael Rodríguez Ortiz, conocido como ‘’Felo’’.El Museo de Historia José Rafael Lauzán de San Antonio de los Baños, llegó hoy al Bosque Martiano del Ariguanabo.
El Bosque Martiano del Ariguanabo, se muestra vivo en imágenes, que regalan al espectador la esencia de esta obra soñadora y a la vez práctica, nacida de las manos de Rafael Rodríguez Ortiz, conocido como ‘’Felo’’, por el pueblo ariguanabense, Cuba y el mundo. 
“Felo: un titán de la voluntad, del esfuerzo, de la humildad”, así lo definió su hermano Herquidio Rodríguez, quien fuera Director de Cultura de esta villa en 1994, cuando nace el Bosque Martiano. Sus emotivas palabras dieron paso a la inauguración de una exposición personal de Pedro Pérez Portales, fotógrafo ariguanabense conocido como Manolito.
La exposición consta de catorce instantáneas a todo color, que muestran a los visitantes del Museo de Historia, durante todo este mes de mayo, la magnitud de una obra maravillosa, un aula natural donde se forma a las nuevas generaciones en cuanto al conocimiento de la Historia de Cuba, donde palpan la madera de las especies mencionadas por José Martí en su Diario de Campaña “De Cabo Haitiano a Dos Ríos” y se cobijan a la sombra de árboles y arbustos para sentir y evocar el pasado. 
Allí, en ese Bosque de San Antonio de los Baños se respiran valores como el patriotismo, la lealtad, la sencillez, la valentía y la modestia. Allí se vive el pensamiento y el quehacer de tantos que entregaron sus vidas para lograr la independencia que hoy disfrutamos.
Felo, como bibijagua gigante, trasladó poco a poco las piedras de toneladas de peso y gran tamaño y las convirtió en arte, con mensajes y conceptos esenciales para comprender a Cuba y a la Revolución. 
Se disfruta de las décimas, de buena música cubana a cargo de solistas vocales y el Grupo “Tradison”. En palabras de José Miguel Delgado, historiador de la localidad, se reconoció a Homero Perdomo Betancourt, figura de la cultura ariguanabense y quien fue el primer director del Museo de Historia, quien celebra a la par del Bosque Martiano, sus primeros noventa años de vida, como él mismo aseguró.
Quedó constatado una vez más, el ímpetu al tocar una campana, la fuerza con que se sostiene el machete que ayudó a podar ese bosque.
Para muchos, parecía un sueño imposible recolectar todas aquellas especies: najesí, jigue, yaguacán, palma, caguairán y otras tantas que superan las 50, traídas hasta esta tierra fértil desde diferentes rincones del país. 
Pero, como ha expresado Felo en disímiles ocasiones: “No se ha escatimado en esfuerzo, no se necesita presupuesto” porque la voluntad y el amor, pueden engendrar la maravilla, incluso desde lo que una vez fue un olvidado vertedero de basura.