El ardiente amor a la madre

“Madre del alma, madre querida,
Son tus natales, quiero cantar;
Porque mi alma, de amor henchida,

Aunque muy joven, nunca se olvida
De la que vida me hubo de dar.
A Dios yo pido constantemente
Para mis padres vida inmortal;
 
Porque es muy grato, sobre la frente
Sentir el roce de un beso ardiente
Que de otra boca nunca es igual”

Así escribió Martí a su madre, un día de su cumpleaños, ese ser adorado que nos da la vida y nos lleva por el camino para ser personas de bien.
 
Doña Leonor como todas las madres sufrió las vicisitudes por las que pasó su primogénito. Martí amó mucho a su madre, evidenciado en cada palabra que le escribió. Leonor guardó con cariño y amor esos versos que escribió para ella, su José Julián. Aquellas líneas llenas de ternura le acompañaron toda la vida.
 
 
Luego el 28 de agosto de 1870, desde la prisión, recibía Doña Leonor una foto de Martí con el traje del penal y las cadenas que ha de arrastrar, con el grillete al pie. En el dorso de la foto estas palabras:
 
 
“Mírame madre, y por tu amor no llores,
si esclavo de mi edad y mis doctrinas
tu mártir corazón llené de espinas,
piensa que nacen entre espinas flores”.
 
 
Aún con el dolor lacerante de los grilletes y la angustia de no poder verla, reflejó sus sentimientos, conociendo el dolor que sentía Leonor por verlo en prisión víctima de crueles maltratos. El ardiente amor por su madre Martí lo confirma en el tomo XXIII de sus Obras Completas.
 
Allí podemos leer una de las cartas más amorosas, escritas con solo 8 años, a su madre Doña Leonor Pérez. En la despedida dice: “… un besito a la familia, recíbalos de su obediente hijo que la quiere con delirio.”