Una anti-ley. Extraterritorial. Violatoria del derecho internacional y de la soberanía de todos los estados... Así calificó el presidente cubano Miguel Díaz-Canel a la Ley Helms- Burton, aplicada por los Estados Unidos en busca de reducir el desarrollo económico de nuestro país.
El pasado 2 de mayo, al menos mil delegados en representación de 86 naciones presentes en el Encuentro Internacional de Solidaridad, celebrado en La Habana, rechazaron la entrada en vigor del Título III de la Ley Helms-Burton tras indicar que viola normativas del derecho internacional.
La normativa estadounidense, específicamente el título III, otorga a los estadounidenses la posibilidad de interponer demandas contra quienes “trafiquen” con “propiedades confiscadas”, todo ello con unas comillas enormes, y extiende esa autorización a propietarios que no poseían esa ciudadanía al momento de las nacionalizaciones. Además, busca evitar la llegada a Cuba de inversiones extranjeras, clave para su desarrollo socio-económico.
Todo intento por apagar nuestra economía, y aún más el de arrebatarnos lo que por derecho nos pertenece ha encontrado siempre el rechazo sostenido del pueblo cubano, y últimamente de muchas naciones de América Latina, como México y Panamá y otras del continente europeo.
De manera general, es claro y rotundo el compromiso con Cuba y su soberanía en todos los términos, pues somos una tierra donde la solidaridad siempre ha sido premisa para actuar, y la recibimos tras cada nueva acción que el gobierno de Donald Trump ejecuta contra la Revolución.
¿Cómo piensan arrebatarnos las propiedades de nuestras viviendas, centros de trabajo, escuelas, policlínicos, tierras cultivables, industrias…? Cuba es nuestra, de sus hijos, los que trabajamos en esas mismas tierras, los que investigamos en las industrias y generamos servicios desde escuelas o instituciones de salud pública. Cuba es de quien suda cada mañana bajo el Sol, con la mirada puesta en el futuro de sus hijos, y la prosperidad, aquí, desde este país, que lucha por incrementar su desarrollo económico, y no dejará que nadie o nada, que ningún documento absurdo la haga retroceder.
En San Antonio de los Baños se ha proclamado también este sentir, el rechazo total y el apoyo al Gobierno cubano, que saldrá a flote una vez, amparado por la fuerza de la Revolución, aunque algunos pocos, dentro o fuera, piensen lo contrario.
Hubo que vivir la época capitalista, la pobreza en segmentos de la población, y al llegar el primero de enero de 1959, con él, llegaron las nacionalizaciones, la electrificación y edificación de nuevas escuelas, instalaciones deportivas, parques eólicos. Eso lo agradecieron y agradecen nuestros abuelos, nuestros padres, los que sí vieron las transformaciones positivas al ser partícipes de esta obra y que luchan todavía para mantenerla intacta, fuera de las manos del enemigo. Porque Cuba es solamente nuestra.

