¿De qué estarán hechas esas mujeres que no le temen a sus tiempos? ¿Por qué sus nombres las mantienen vivas y a pesar del paso de los años siguen entre su pueblo?
Se me vuelve imposible no hacerlo. Una y mil veces ocupo mi mente tratando de encontrar los primeros indicios sobre “la bravura” que de generación en generación es parte de la mujer cubana; sin importar en qué momento o lugar fuere preciso demostrarla…
Encuentro respuestas sí, como todo el que la busca pero, cuando me tropiezo con los libros que ocupan un lugar especial en casa, cuando rememoro las clases de primaria o la universidad, cuando las imágenes destronan ídolos para convertirse en ejemplos simplemente prefiero ir tras el calibre de una mujer gigantesca. ¿Acaso Celia Sánchez Manduley pensó ser parte de lo que somos, de nuestra identidad?
Su mirada motivadora, serena y pensativa cautiva aun en retratos. No tuve la ocasión de conocerle, siquiera verla pasar, pero tiene tanto con lo que a diario convivo que me parece familiar ¡Está viva! Ella perdura entre el encanto de los reveses y las victorias. Está hecha de la misma fórmula: de acero y miel; de los cantíos mañaneros que despiertan y convidan a recibir un nuevo día; es la frescura y el aroma de la montaña; la transparencia de un río; es el silencio de la noche y la algarabía de los niños…es lo más bello del rosal y lo menos parecido al orgullo. Ella es lo que nos dejó: sacrificio, modestia y Patria.
La luna siempre la vigila. Viene del fragor del combate. Es hija de la Palma y la Mariposa. Recordarla es poco para quienes pretendemos seguir sus pasos; esos que en ocasiones se escondían de las circunstancias pero que se hacían sentir en la primera línea hasta el cansancio.
Nuestra Celia fue como el encanto que hizo de los sueños una realidad. Fue la fuerza renovadora que posibilitó una Cuba mejor, de oportunidades, entendimiento y reconocimiento al esfuerzo de los demás. La Revolución contó con su apoyo en momentos trascendentales y en muestra de gratitud le acogió como su flor más autóctona. Y así se ve, lozana, radiante; de Patria y de Humanidad.
Cinco letras son suficientes para nombrarla. Ojalá y acompañara cada travesía de la Revolución de hoy escribiendo pasajes, aconsejando ante las circunstancias, soñando un país nuevo… tomando de la mano a los años. Qué bueno sería verla cerca de los pequeños, esos que crecen desde una de sus ideas. Qué bueno poder decir Celia y saber que gracias a su “bravura” el ejemplo que legó sigue transitando cada corazón y alma femenina tal cual ella lo aprendió de Mariana Grajales, por solo citar un ejemplo.
Por ser amiga de Yeyé, de Vilma, de Fidel; fiel heroína de esta tierra y singular referente de la mujer cubana ya no eres simplemente Celia… a partir de este instante te conviertes en el sentido de nuestros tiempos. Serás la ruta a seguir para que la Patria que un día te vio nacer no olvide ni por un instante que es libre, independiente y combativa. Serás como dijera Armando Hart ‘’La flor más autóctona de la Revolución.’’

