De Notre Dame a Disney

NOTRE-DAME PARÍS Notre Dame tardará, según los expertos, medio siglo en restaurarse. La mole imponente, ligera como el aire, madre de todas las catedrales, ardió en un fuego dantesco, y de inmediato llegaron los donantes a reconstruirla con sus millones, entre ellos, la Compañía Walt Disney.

Cierto que cualquier ser humano sensible, sacudido por aquella antorcha gigante iluminando la noche de la Ciudad Luz y la aguja cayendo a las llamas, ayudaría con su esfuerzo a restituir un monumento de casi 900 años de existencia.
Pero en realidad, la productora de sueños le debe mucho a Notre Dame. Y tal vez, le deba más en el futuro. Cuando el habitual olfato comercial de sus directivos, aprovechando la conmoción y la nostalgia que dejó el incendio, reviva el filme El jorobado de Notre Dame, de 1996, lo multiplique en una serie infinita de cortos (al estilo de Timún y Pumba) con nuevos episodios de Cuasimodo, reproduzca sus personajes en juguetes, camisetas, mochilas, calzoncillos y hasta extintores, e instale en sus parques temáticos catedrales de plástico y poliespuma que, mediante efectos especiales, arda cada tarde a la vista del público, y hasta quizás logre crear un culpable (“el malo”) de esta nueva película.
Cincuenta años para llenar la memoria de las nuevas generaciones, no con la Notre Dame gótica ni la novelada por Víctor Hugo (recuerden que cada día se lee menos); sino con la Notre Dame Disney, de gárgolas bufonas, Cuasimodo en duelo de caballeros y una gitana rumbosa. Esta podría ser la reconstrucción que realizaría: cocinar un símbolo instalado en el imaginario universal, aligerarlo de significados y dotarlo de nuevos sentidos afines con la ideología neoliberal.     
En definitiva, ya lo había presagiado en su filme la compañía: Notre Dame se quema.
Y la Disney hace los sueños realidad.