Unidades Básicas de Producción Cooperativa desfilaron este Primero de Mayo en San Antonio de los Baños. Foto: Eleanet Vidal
Un mar de personas se reunió frente a sus casas, centros de trabajo, barrio. La llegada del quinto mes del año supone otro pretexto para que los trabajadores del Ariguanabo salgan a desfilar convencidos de que el futuro de la nación depende de tres poderosas palabras: unidad, compromiso y victoria.
Este primero de Mayo fue una fiesta de todo el pueblo, en la que grandes y chicos demostraron sus motivaciones a la vez que portaban banderas de colores, carteles alegóricos y pancartas que representaban el júbilo.
A la par en muchas naciones del mundo los ciudadanos se encontraban en las calles para exigir cambios en su actividad laboral. Denunciaban las políticas capitalistas que se basan –fundamentalmente, en el desprecio y el no respeto al obrero…pero aquí –por tradición, la bandera estuvo representada cerca del corazón su gente, que fiel y revolucionaria defendió los 60 años de independencia de la isla.
Las voces se llenaron de sentido para repudiar la idea de crear futuros conflictos gracias a la implementación de la Ley Helms-Burton y el recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero, que sigue golpeando y afecta a importantes sectores de la sociedad cubana. Aún cuando se trabaja arduamente para transformar la Cuba de estos tiempos, nuestros trabajadores llegaron puntuales a su fiesta, ratificaron una vez más su compromiso con la patria y recordaron que este país no está solo. Lo acompañan sus hijos y hermanos de todas partes.
Salimos a desfilar porque contamos con una organización que defiende y vela por el bienestar de los trabajadores; porque a pesar de las cuestiones que restan por mejorar somos libres y podemos ofrecer criterios ante cualquier problemática que surja a nuestro alrededor. Tenemos deberes, pero también derechos, contamos con el apoyo de las máximas direcciones del Partido y el Gobierno…pero, por si fuera poco, llevamos en la sangre la intransigencia, combatividad y entusiasmo que nos legara el comandante Fidel.
Las calles volvieron a ser testigos del sentido de pertenencia por la tierra que desandamos día tras día. No hizo falta la mentira ni las campañas para movilizar a todo un pueblo que desde temprano estuvo reunido sin importar el resto. Sobró el cariño, el respeto y la igualdad. Marchamos blancos y negros, mujeres y hombres. Marchamos porque este fue otro primero de mayo: una fiesta que nunca concluye. Una oportunidad para volver a aclarar que si hace falta unidad, compromiso y victorias aquí estamos los trabajadores ariguanabenses.

