Tomar la verdad en las manos

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Las agresiones del gobierno de los Estados Unidos hacia Cuba desde mucho antes del triunfo revolucionario de enero de 1959, han sido perfectas muestras de su interés –inacabable- por destruir la independencia y soberanía de la nación caribeña. Tener buenos vecinos cerca no siempre surte el efecto esperado y este pudiera ser el mejor de los ejemplos.

Medios de prensa del país, comunicados del Ministerio de Relaciones Exteriores y discursos pronunciados por dirigentes cubanos en diferentes escenarios hoy aparecen como portavoces del rechazo ante la aplicación, por parte del gobierno norteamericano, de una envejecida ley que unida al bloqueo, dificulta la inversión extranjera y la solidaridad democrática. Su título: “Ley Helms- Burton”, otra más a favor de su repudio.

Pese a la difícil y tensa situación que vive el continente latinoamericano en la actualidad, al contexto político y gubernamental entre ambos países y las imposiciones; los magnates de la Casa Blanca de Washington “move it back” (vuelven a atrás) para patentizar los relativos de una supuesta transición democrática en la isla, amparada casi en su totalidad por un despliegue publicitario apenas sin sentido. Las amenazas contra compañías extranjeras que comercialicen con Cuba crecen como la “mala hierba” mientras la hostilidad pone a disposición de Estados Unidos sus mejores armas para acabar con la obra revolucionaria.

Y entonces ¿hasta cuándo? ¿Qué le falta por probar a este gobierno tras más de sesenta años de imponer su régimen con sangre y restricción? Una y otra vez se manifiesta la terrible actitud de la mal llamada “tierra prometida”, en la que muchos son simples piezas de un tablero de ajedrez. Se mueven a favor de los intereses y si así no sucediera son el jaque mate que se esconde entre blancas y negras.

No bastan los resultados de encuestas, los votos de cientos de países…no importa el sufrimiento, la necesidad o la muerte. Para ellos, si no es a su manera, las cosas se hacen diferentes. En tanto, nosotros no dejamos caer –ni por un segundo- el orgullo heredado por bravos combatientes que dejaron de un lado las manifestaciones injustas del gobierno que debería pensar a su altura y no a sus pies.

Ni capítulos, firmas, reseñas históricas, fotos o procederes podrán más que la fuerza de las ideas y el respeto a la Patria grande. Arremeter ha llegado al máximo de su definición y se está demostrando que imponer no es del todo provechoso. Ante dichos estragos actuar justamente, al tiempo que se demuestra convicción plena en lo que somos, serán la puerta de escape de este laberinto al que llaman con el mismo nombre de supuestos líderes.

Estos son períodos complejos. La libertad requiere de unidad y si ellos han perdido sus fuerzas creando cercos, confiscando propiedades y se comprometen con los sectores conservadores y ultraderechistas, nosotros levantamos las armas. Derribamos su esencia agresiva y vamos por más. Al final ni Jesse Helms, ni Dan Burton, mucho menos Clinton o Trump podrán separar a esos que apuestan por la internacionalización porque por su mente corre sangre y por la nuestra, Revolución.