Deportivamente por el desarrollo y la paz (+Audio)

Ciertamente todos no disponemos de la habilidad requerida para subir a un podio, ostentar una medalla o recibir la ovación de seguidores. Pero, si de deportes se trata todos sí tenemos una ocasión para sentirnos a gusto, saludables y generar irrepetibles momentos de sano esparcimiento.

En tales “desenvolturas” el Instituto Nacional de Deportes Educación Física y Recreación, por sus siglas INDER, se alza como el punto de partida de cada evento, competencia y captación deportiva en los territorios del país. En sus “manos” está la fuerza que se requiere para convocar a niños, jóvenes y adultos porque en Cuba, es un derecho del pueblo.

Varias han sido las estrategias que el INDER ha puesto a disposición de los ciudadanos y que hoy se resumen en estadios, gimnasios, programas y encuentros. Apoyados por los sectores de educación y salud pública, millones de cubanas y cubanos asisten a sus centros con el propósito de contrarrestar enfermedades, contribuir a la formación de valores y –en el mayor y mejor de los casos- formar la cantera de atletas que requiere la nación para traer glorias a la Patria.

Desde mi punto de vista una de las mayores satisfacciones – y diría increíble, es el cambio moral del ser humano cuando tiene entre sus manos la pelota, o cuando sus piernas golpean fuertemente el balón hasta llevarlo a la portería. Con total exactitud muchos hemos sido testigos de esa transformación deslumbrante que regala victorias al niño desventajado en la escuela, rebelde con el resto de la sociedad o con serios problemas de conducta. Y entonces sería bueno preguntarse ¿cuál es el arte que esconden los amplios terrenos, las gradas y el esfuerzo? ¿por qué no llenar de deportes cada rincón del planeta si queremos un mundo mejor?

Será un verdadero suceso el hecho de seguir involucrando, de integrar sin prejuicios, de apostar por el desarrollo de las habilidades y de enseñar. Existirán más ovaciones, estaremos en los primeros lugares de las tablas y nunca se olvidará la adrenalina que se desprende luego de salirse ganador dentro o fuera de nuestra casa, si dedicáramos un pedacito de nuestras vidas a la práctica de cualquier disciplina

El deporte siglo tras siglo ha demostrado que no se trata de hacerse campeones sino buenos jugadores: honestos, justos, sencillos y compasibles; que la derrota es sinónimo de ir por más y jamás darse por vencidos; que los verdaderos deportistas no son los que brillan con la victoria sino los que defienden su uniforme hasta el último aliento; que el podio en cualquiera de sus alturas aguarda paciente a los que con valentía, optimismo y seriedad van por él.

Cuba “deportivamente” tiene mucho de qué hablar. Insisto en la creación de más y mejores espacios para involucrar a la familia toda; prestar mayor atención a los jóvenes que en la actualidad se forman en escuelas de la rama y transmitirles las experiencias que se demandan para actuar acorde a lo que somos. Se necesitan crear lazos, puentes y abrir puertas en un mundo que día tras día se ve sacudido por la guerra, el hambre, la falta de recursos… pero solo salva aquello que no cueste ni un centavo y sirva a los demás.

En ese sentido entonces, el deporte tiene el primer lugar, la medalla de oro, el pase directo a la olimpiada de la vida porque como dijera el Comandante Fidel Castro: “El deporte es y debe ser uno de los medios más eficaces con que cuenta la sociedad… para la realización plena del ser humano”.