Reglas de la vida

La guagua repleta, los asientos identificados para embarazadas y niños ya están cubiertos. Es entonces cuando sube una mujer con una barrigona de esas que ya casi el niño te sonríe a través de la piel. Los asientos llenos, nadie sede su puesto. El conductor insiste. ¿Dónde están la cortesía, los buenos modales? Nadie responde ni acciona, la embarazada llega a su destino de pie y con los tobillos hinchados como si estuviera llena de aire.

Es muy frecuente presenciar escenas como éstas. Se perdieron los buenos modales en los jóvenes, aseguran los viejos. Y no creo que sea así. Personas de cualquier edad se dejan llevar por la cotidianidad, lo tedioso del diario y olvidan pedir permiso, agradecer cualquier gesto de bondad e incluso saludar. Simplemente saludar, con unos buenos días.

El mundo actual, como producto de la rapidez con la que todo transcurre; ha privilegiado la informalidad en el trato entre las personas, lo cual nos ha hecho olvidar normas elementales de cortesía que permiten crear un ambiente agradable a nuestro alrededor y establecer relaciones armoniosas.

La cortesía es un código, un lenguaje particular, que facilita las relaciones sociales. Las reglas varían entre familias, ciudades y naciones. Los buenos modales son, ante todo, el respeto a un código que permite establecer las relaciones entre los seres humanos que viven en grupo o en comunidad. Manifiestan valores profundos, como la comprensión, la mutua tolerancia, el trato entre compañeros, los cuales está en marcados bajo normas de cortesía y respeto a la dignidad humana.

Desear buenos días y saludar al entrar en un sitio, igualmente, despedirnos al retirarnos, es una norma de cortesía. A veces estamos agobiados por una situación y un saludo agradable nos alegra el día. Ser agradecido es una valiosa cualidad en cualquier persona. No se limita a dar las gracias. Incluye también, el responder gestos y favores que se han recibido. Pedir cualquier objeto o servicio, anteponiendo un sincero "por favor".

Solicitar permiso para participar en una conversación. No abrir puertas de habitaciones, sin tocar primero y haber recibido autorización de quien está adentro, para ingresar. No hablar mientras se tiene algún alimento en la boca. Ofrecer nuestro asiento en lugares de espera y el transporte público, a ancianos, mujeres embarazadas o con niños pequeños y a cualquier persona enferma. Así como reconocer oportunamente, nuestros errores, disculparnos inmediatamente y con sincera intención.

Considero que la cortesía es algo que se cultiva para siempre y para todo momento. Es un hecho que encierra educación, bondad, agradecimiento y respeto. Reglas indispensables para una convivencia social feliz.