Cada dos años un pueblo ríe

 El colorido de esta edición de la Bienal fue evidente. Foto: Dayamí Tabares PérezEl colorido de esta edición de la Bienal fue evidente. Foto: Dayamí Tabares Pérez

Cada dos años un pueblo ríe. Ríe con más fuerza, haciendo eco de esa risa en el mundo entero. Cada dos años nacen creaciones capaces de incitar a la reflexión con una sonrisa en los labios y en el alma. Dicen los ariguanabenses que hace ya cuatro décadas, San Antonio de los Baños mantiene el humor y el entretenimiento sano, el corazón y la picardía, porque aquí, cada dos años se celebra una fiesta de la risa.

1979 marcó el inicio de una tradición que reúne a las personalidades del humorismo gráfico y la cultura en sentido general. En este pueblo lleno de historias, de leyendas, de costumbres locales, donde han nacido los personajes más populares del humor criollo y numerosos caricaturistas, no podía ser de otra manera. Es el espacio idóneo para celebrar, como lo hemos hecho los últimos cuatro días, la Bienal Internacional de Humorismo Gráfico.

Y aquí, en estas calles quizás deterioradas por el paso implacable de los años, en estos edificios en ruinas que aún adornan de historia las céntricas avenidas, en el pueblo donde hay un río que clama por su salvación, es donde hoy confluyeron jóvenes y experimentados creadores, dibujantes, caricaturistas, humoristas natos, que han dejado su quehacer plasmado o expuesto en cartulinas, en las paredes de diversas instituciones y en las propias fachadas del pueblo.

Lo más importante para quienes participan en una Bienal como esta, además de competir y ganar, como muchos lo hicieron, es dejar una huella en la mente de las personas, de esos espectadores que interpretan los trazos dibujados certeramente en el espacio antes vacío. Lo más importante es reconstruir pensamientos, ideas, reflexionar con valentía, y reír, por supuesto, como si no hubiera otra oportunidad para hacerlo.

Por eso, pienso que esta edición XXI de la Bienal ariguanabense creció enormemente. La población lo ha sentido, lo merece y se lo ha ganado. Más allá de la música de élite, de la calidad de las actividades inaugurales, el colorido, la alegría, la organización, los eventos teóricos que siempre son oportunos e interesantes, la Bienal no se ha marchado en silencio, todo lo contrario: quedan los rostros emocionados al recibir uno y tantos premios, quedan los abrazos en el escenario al entregar el reconocimiento, los chistes, los deseos de seguir, las lágrimas escondidas de la emoción, queda también la entrevista publicada y la que se guarda para esa ocasión especial en la que surtirá el mejor efecto, queda la sonrisa, esa que se comparte con quien se tiene al lado, frente al biombo o a la pared, aún cuando no lo conoces.

Para los periodistas, la oportunidad de lujo de intercambiar con Silvio Rodríguez, Gerardo Hernández Nordelo, Alpidio Alonso, Angel Boligán, Ares, Adán, Kike Quiñones, Jape o Israel Rojas, grandes de nuestra cultura que caminaron al mismo paso que cualquier ariguanabense.

Para la gente de pueblo, el saber que aún sigue encendida la llama de una Villa del Humor que los acoge cada día en el ajetreo cotidiano.
Habrá quien piense aún que la Bienal es solo fiesta, comida, cerveza y atracciones mecánicas o eléctricas para niños.... pero sé que muchos reconocerán en estas celebraciones, el carácter espiritual y la sensibilidad que tanta falta hace por estos días.

Desde hoy quedó pactada la próxima cita para el mes de abril del 2021. Aún falta mucho, deben transcurrir otros dos años, pero los astros del humorismo gráfico, los de trayectoria y quienes se inician en este apasionante mundo, ya cuentan las horas para regresar a San Antonio o representar a su país con esas creaciones ingeniosas y críticas que ayudan a pensar, a sentir, a reír, a vivir.


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