Por amor y solo con amor

Lala

No fue precisamente mi sed periodística la que me llevó hasta ese lugar que hoy, me ponen como reto describir y caracterizar en cuanto a los servicios que brinda. La atracción por los animales y la satisfacción que siento con su presencia, sobre todo con la de los perros, fieles camaradas, es algo que no puedo reprimir. Y la vida, que muchas veces nos premia, puso a mi cuidado una dálmata que se convirtió en amiga, confidente y parte indispensable de mi cotidianidad.

A pesar de ser mi mayor tesoro, no corrió con la suerte de la sanidad y un día, de pronto comenzaron las grandes crisis. Convulsiones repetidas, perdida del conocimiento y un pronóstico desfavorable por parte de cada médico veterinario que la acudía.

Alguien me envió a allí, a ese lugar que hoy tengo que caracterizar. Los nervios al borde de una catarsis, y las lágrimas que inevitablemente reflejaban mi malestar por el miedo a perder a mi amiga, apenas me dejaban conversar.

Me recibió un joven e intentó consolarme, asegurando que mi dálmata mejoraría. El buen trato hizo que reencontrara un poco la paz, en la clínica veterinaria de San Antonio de los Baños. Esa que hoy brinda desde sus modestas posibilidades un buen servicio a todos los que como yo, desesperadamente llegan.

Y comienzo mi comentario de esta forma, porque tengo como encomienda hablar sobre los servicios que se brindan en la clínica veterinaria, que hoy cuenta con cuatro técnicos que trabajan en el campo, directamente en las bases productivas. Estos técnicos realizan su labor, a partir de programas de lucha, como vacunaciones e investigaciones. Mientras que en la clínica las mascotas o animales afectivos, son atendidos por dos doctoras y un técnico que con mucho amor, realizan desparasitaciones, tratamientos, y cirugías.  

Pero la clínica, no cuenta con los servicios de ultrasonido o rayos X, para ello las mascotas son remitidas a laclínica Carlos III, en La Habana, lugar muchas veces inaccesible para los clientes por la lejanía y por el costo monetario que implica trasladar una mascota hasta la capital. Tampoco en San Antonio de los Baños funciona el laboratorio clínico, y esto desfavorece la calidad de los servicios.

Porque no basta con el amor de los médicos y el buen trato. En entrevista con la prensa Alexander Proeza, director de la clínica, confirmó la debilidad que presenta el centro en cuanto a la escases de medicamentos y medios de protección para los trabajadores. Aunque cuenta con un salón, muchas veces se dificulta la cirugía pues no existen los recursos necesarios para ejecutar las operaciones, en ocasiones urgentes, trayendo consigo, el fallecimiento del animal y la inconformidad y elmalestar de la población que necesita de estos servicios.

Es cierto que son momentos difíciles para la economía nacional, que muchas veces no está en nuestras manos. Pero, es necesario ratificar que hay hombres y mujeres en este pueblo que se sobreponen a las carencias y brindan lo mejor de sí. Que reciben a la mascota y la curan y la sanan, a veces sin guantes exponiéndose a un contagio, pero se arriesgan y hasta ahora no han fallado.

Considero que es necesario abordar este tema. Considero que vale agradecer el esfuerzo de los que sanan a esos amigos de cuatro patas, bigotes y con un gran corazón lleno de ternura.

Cierro mi comentario, contándoles que mi dálmata logró vivir solo un poco más. En la clínica veterinaria de San Antonio de los Baños le diagnosticaron una epilepsia. Fue casi imposible su tratamiento, los medicamentos que necesitaba, no estaban a mi alcance. Sin embargo, agradezco el esfuerzo de los que por amor y solo con amor, lograron extender unos meses más la vida de mi noble amiga.


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