Lograr mantener el progreso de una sociedad igualitaria ha sido premisa del Estado Cubano en los sesenta años de Revolución que se han vivido. Sin embargo, existen situaciones que impiden el avance, literalmente, por ejemplo, de personas con discapacidad o de adultos mayores. Hablo de las barreras arquitectónicas, visibles por doquier en el país, por supuesto, en San Antonio de los Baños.
Cuba envejece, y precisa fomentar una cultura del detalle hacia los ancianos en todos los órdenes, garantizarles espacios públicos libres de barreras para que puedan transitar libremente por las calles. En nuestro municipio, además de que las aceras son estrechas y están deterioradas, muchas son demasiado altas lo que les dificulta subir... Aunque existen algunas rampas en las instituciones de Salud Pública como los policlínicos y el hospital, en algunos departamentos, por ejemplo, la Dirección de la Vivienda, el acceso se limita a quienes no puedan subir la enorme escalera, lo cual es una deficiencia notable, pues a este local llegan muchos ancianos, casos sociales, impedidos físicos a realizar trámites y a solicitar subsidios... y podríamos mencionar otras entidades como el Consejo de la Administración, la Óptica y la Oficina de Trámites, sitios donde también se obliga a subir escaleras y constituyen centros a los que acude población de más de 60 años.
Las Barreras Arquitectónicas son obstáculos físicos que en edificios o el medio urbano dificultan e impiden a las personas con discapacidad la realización de forma independiente, de actividades de forma social o individual, según lo establece la Norma Cubana 53 de 1990.
En las ciudades y áreas urbanas las más notorias son los bordes de las aceras que impiden a las personas en sillas de ruedas puedan desplazarse fácilmente, a lo que se unen las escaleras también en las aceras, que afectan la normal circulación de personas, teniendo estas que bajar a la vía por donde transitan vehículos y con el riesgo de generarse un accidente si no se presta la debida atención.
Sobre el tema, las regulaciones urbanas, prohíben construir escaleras en aceras o espacios públicos, establecen mantener libres las áreas comunes de edificios multifamiliares, áreas exteriores y áreas de circulación. No obstante, ello no siempre se cumple por parte de la población, esa que el día de mañana puede sufrir las consecuencias de una barrera que le impida o dificulte el tránsito.
Ser iguales, en una sociedad inclusiva por demás, significa también que todos tengamos iguales oportunidades, lo cual incluye las oportunidades de caminar o desplazarnos según nuestras condiciones físicas, limitaciones o necesidades. No sólo es tarea de los gobiernos locales, está en las manos de todo el que realiza acciones constructivas en su vivienda, además, ante las barreras, una mano puede servir de sostén, de apoyo. La cortesía no puede difuminarse cuando hace tanta falta.


