El café fue descubierto en el siglo XV, antes del hallazgo de América, en territorios del África Oriental correspondientes a Etiopía (Abinisia) y Sudán. Fue introducido en Cuba por el Contador Mayor de Cuentas Doctor Antonio Gelabert, que impulsó el primer cafetal en la finca nombrada González, después María en la zona del Wajay, en La Habana. Sobre la introducción del café en los valles del Ariguanabo le comentaré en esta crónica.
Producto a la Revolución Francesa en Haití, la invasión de Santo Domingo y el traspaso de la Louissiana primero a Napoleón Bonaparte y luego a Estados Unidos en 1803, llegaron a Cuba cerca de 200 mil inmigrantes de estos territorios.
Las familias emigradas desarrollaron el cultivo del café y la caña de azúcar. El segundo Marqués de Monte Hermoso y Primer Justicia Mayor de San Antonio Abad, Don Gabriel María de Cárdenas, gestionó que se asentaran en la Villa el mayor número de estos colonos que poseían valiosos conocimientos sobre agricultura. De esta manera fomentó él mismo su propia plantación de café y extendió su cultivo hacia los Partidos de San Marcos, Artemisa y Alquízar.
A pesar de que las leyes españolas restringían el comercio un grupo de caficultores cubanos, encabezados por el Marqués de Cárdenas de Monte Hermoso, solicitaron a la Junta de Comercio del Real Consulado la autorización para el embarque del café hacia Norteamérica. A inicios del siglo XIX las zonas de San Antonio de los Baños, Vereda Nueva, Santiago de las Vegas, Alquízar y Artemisa se destacaron por la producción de café.
El escritor Cirilo Villaverde en su novela Cecilia Valdés refiere cómo eran los cafetales en aquella época al dedicar dos capítulos al cafetal La Luz, propiedad de Don Tomás Ilincheta en Alquízar. Durante los primeros 50 años de la Villa de San Antonio Abad los campos pertenecientes a su gobierno se convirtieron en hermosos cafetales que constituyeron fuente de riqueza y esplendor. Toda la región del Ariguanabo hasta Artemisa fue llamada el jardín de Cuba, apelativo dado por Villaverde y otros poetas y escritores que transitaron los alrededores en aquella época.
Fuente: Estampas Antiguas de S. A. B. de Julián Vivanco, tomo III

