Destacado profesor
No solamente educaba,
daba más, porque nos daba
mucha confianza y amor.
Lo que lleva en su interior
lo exterioriza con hechos,
el mundo le queda estrecho
para entregar su pasión,
porque tiene el corazón
que no le cabe en el pecho.
Así resumió Angelito Valiente la prolífica vida del maestro ariguanabense Félix Romero de la Osa. Sobre él le proponemos nuestro escrito, en el noventa y dos aniversario de su natalicio.
Félix Timoteo Romero de la Osa nació en San Antonio de los Baños, el 18 de marzo de 1927. Realizó estudios de Técnico Industrial, Contador no universitario y Doctor en Pedagogía. Activo participante en eventos científicos, como el Congreso de Educación Rural, los seminarios nacionales del Ministerio de Educación, los Fórum de Ciencia y Técnica y los simposios de la literatura ariguanabense.
Mención especial merece su labor en la formación integral de niños y jóvenes y su contribución a la educación en valores. Impartió cursos de superación política y desarrolló actividades vinculadas con sus textos El libro de los juegos y Estampas ariguanabenses. Su trabajo en la educación secundaria básica y en el Instituto de Perfeccionamiento Educacional, le reservaron un lugar cimero en la historia educacional de su pueblo natal.
Fue merecedor de disímiles reconocimientos por la calidad de la educación y el desarrollo de la cultura comunitaria. Poseía la medalla de la Alfabetización, la Distinción por la Educación Cubana y la Orden Frank País.
José Martí, en su artículo Músicos, poetas y pintores, escribió: “Lo original y enérgico de cada hombre se deja ver desde la infancia, en un acto, en una idea, en una mirada”. Félix Romero de la Osa demostró con la obra de su vida, la veracidad de este aforismo martiano.



