Patria

Patria

Patria... Una palabra que va mucho más allá de su significado como sustantivo. Una palabra que encierra en sus letras lo que somos, lo que tenemos, lo que siempre anhelamos en Cuba y lo que se extraña estando muy lejos. Patria es también el nombre de un periódico, que a su vez dio nombre a una jornada, a una efeméride, a una publicación que convirtió cada 14 de marzo en fecha de celebración y compromiso para los periodistas cubanos.

En su primer número José Martí escribiría: “Para juntar y amar, y para vivir en la pasión de la verdad, nace este periódico (…), a la hora del peligro, para velar por la libertad, a contribuir que sus fuerzas sean invencibles por la unión, y para evitar que el enemigo nos vuelva a vencer por nuestro desorden”.

Patria, nombre que adoptó la publicación, salió por primera vez a la calle el 14 de marzo de 1892. Era al comienzo un semanario que se publicaba los sábados, con unos 1 500 ejemplares, al precio de cinco centavos, y constaba de cuatro páginas a cuatro columnas. Más que el órgano del Partido Revolucionario Cubano, era también el del patriotismo virtuoso fundador, como lo definiera el Apóstol.

En el momento de caer Martí en combate, la publicación había arribado a más de 160 entregas. Queda desde entonces como paradigma del buen periodismo revolucionario, al que debemos acudir como fuente de inspiración todos los trabajadores de la prensa de nuestro país en esta hora actual. Por estas razones, celebramos cada 14 de marzo el Día de la prensa cubana, con el compromiso de mejorar el periodismo que hacemos, más entregado, con más ímpetu, reafirmando las conquistas de la revolución y defendiéndola desde cualquier medio o escenario.

Somos los periodistas de estos tiempos quienes seguimos la ruta trazada por nuestro Héroe Nacional, en el siglo diecinueve, tiempos aquellos donde la pluma era el mejor escudo y las palabras armas letales. Hoy no están lejos estas metáforas de lo que se espera de la prensa, una aliada que directivos, trabajadores y pueblo en general debe tener, para informar con la veracidad que se espera, interpretar con el rigor que se necesita y dialogar, al margen de falsas noticias y un mundo de tergiversaciones donde unos pocos buscan opacar la verdad sobre nuestra historia.