Estela muestra pertenencias del Movimiento 26 de Julio en San Antonio de los Baños. Fotos: Odalis Acosta Góngora
Lleva tatuado en la piel el arte de educar. Hablar con ella es recorrer, tomada de sus manos, los recónditos parajes que guardan la hermosa historia de su San Antonio de los Baños. Más aún, el sincretismo cultural e histórico de los cubanos.
Estela Pérez, maestra siempre- por vocación-, “porque así lo decidí cuando apenas concluía el 6to grado”, según nos hizo saber a través de un largo diálogo que tomó toda una mañana humedecida por los cambios climatológicos.
“Nací en 1953, cuando los jóvenes rebeldes se negaron a dejar morir los ideales del Apóstol y decidieron asaltar el Cuartel Moncada. En una época plagada por la corrupción de los gobiernos de turno. Eran tiempos difíciles, también para mi familia.
“Mi papá trabajaba mucho, pero a veces, mis hermanos y yo, teníamos que ir a la cama con un pedazo de pan y un vaso de agua con azúcar prieta, porque no había otra cosa para comer en casa. Son recuerdos que me entristecen.
La directora del Museo de Historia, muestra el sitio dedicado a José Rafael Lauzán, historiador ya fallecido, cuyo nombre lleva con orgullo la instalación ariguanabense.
“A pesar de ello, fui una niña muy amada, inquieta también, al punto de ganarme severos castigos, como el día que mi mamá me obligó a comer tomates verdes porque cogí los maduros para jugar a las casitas con los demás muchachos, desde entonces le hago rechazo a ese alimento”, cuenta mientras una leve sonrisa acompaña su mirada en el lejano recuerdo.
¿Y cómo es que a los 11 años decidiste convertirte en maestra?, le interrumpo a propósito para traerla de regreso.
“Ah mira, yo estudiaba en la primaria Joaquín Carrasco Aragón. Hoy es la escuela Le Thi Rieng. Estaba segura que mi mamá no me iba a dar el autorizo para formarme como maestra. Por eso falsifiqué su firma y ella se vino a enterar el día que la citaron para la reunión de padres donde explicarían cómo sería el proceso.
“Mi madre quería matarme, pero ya estaba hecho. Así que preparé mis cositas y me fui a Minas de Frío, en la Sierra Maestra, donde comenzó mi preparación. Allí aprendí además, a lavar, a hacer trabajos duros como la recogida de café, a ser independiente… Un año después, me trasladan a Tope de Collantes, y luego a Tarará donde concluí la formación como Maestra Makarenko.
“Al cabo del tiempo, en 1974, me hago Profesora de Secundaria Básica. En aquel entonces la especialidad se llamaba Lenguas Española y Extranjeras, aunque la verdad no domino ningún idioma. Más tarde, en 1979, hago una licenciatura en Español y Literatura. En el 95, me hago licenciada en Historia con una especialización en Historia de Cuba, y en 2014, termino la Maestría en Procesos Culturales Cubanos.
“Siempre vinculada a la docencia, mis primeras clases las impartí en el mismo Tarará, con alumnos de 4to y 5to año, casi de mi edad. También trabajé mucho tiempo en Batalla del Jigüe, hasta que el médico determinó que debía dejar de dar clases por afectaciones severas en las cuerdas vocales.
“Entonces pensé en tomarme un tiempo y acepto una responsabilidad como secretaria general del Sindicato de Educación en San Antonio de los Baños. Fue una experiencia muy bonita que desempeñé por un año, hasta que me proponen la subdirección de la Casa de Cultura Raymundo Valenzuela, en 1986.
“Así me adentro en el mundo de la cultura. Y en 1990, a solo una década de fundado el Museo Municipal, vengo a dirigirlo. Todo esto sin dejar de dar mis clases, porque para mí son dos cosas que no logro separar aunque los facultativos consideren que no debo estar frente a un aula.
“Ya con menos frecuencia, pero sigo como profesora de Historia en la Secundaria Básica Urbana Le Thi Rieng, y por un buen tiempo me vinculé al Centro Universitario Municipal.
“La vida en el museo es dinámica pero hermosa. Aquí he visto florecer bellos proyectos, como la peña Su artista, un té, el poeta y algo más, que a principios de marzo estará cumpliendo 25 años, bajo la dirección del destacado promotor cultural, Raúl Hernández Montanarro.
“Algo más que boleros, otra peña, que realizamos los terceros domingos de cada mes, acompañados de la agrupación Sonora de Cuba, y un público que crece por edición.
“No podemos dejar de mencionar el espacio En descarga, organizada por el Club Martiano del Ariguanabo (el cual preside), que este año arriba a su aniversario 20, y donde además, se hacen acciones de interacción con el público que participa”.
En el plano personal no hay mucho que contar, y es que para esta mujer, los propósitos fueron muy bien definidos: prepararse para educar, para transmitir conocimientos, como un verdadero evangelio.
No tuvo hijos propios, pero la vida le concedió el cariño de sobrinos maravillosos. Me atrevo a decir que estoy frente a una mujer plenamente feliz, que con su esfuerzo y entrega ha llegado tan lejos como se ha propuesto. De ella, mucho queda por decir, pero me limito a plasmar las últimas palabras de nuestros diálogo: “por el momento no me jubilo, pretendo celebrar con mis alumnos y el público, los 40 años del museo”.


