
El asentamiento poblacional que dio lugar a la actual ciudad de Artemisa comenzó informalmente a finales del siglo dieciocho en el corral de San Marcos de las Artemisas.
Su crecimiento ocurrió cuando el 25 de abril de 1802 un fuego destruyó más de doscientas viviendas en La Habana, que dejó a cientos de personas sin casas. El gobernador pidió ayuda y oportunamente la hacendada de dicho corral le brindó sus tierras a los damnificados, a cambio de que trabajaran en su hacienda.
No aparecen en los archivos referencias de haciendas, cafetales o ingenios azucareros de esta zona con el nombre de Artemisa y mucho menos con el concepto mitológico griego que se ha pretendido dar al nombre de la ciudad. La segunda versión es la que sustenta que el nombre proviene de la abundante presencia de la especie herbácea de nombre Ambrosia Artemisifolia. De ahí el nombre del Corral San Marcos de las Artemisas por la abundancia de la planta en el lugar. Otros afirman que el nombre se debe a una hermosa lugareña, nombrada Artemisa, que en los inicios del asentamiento aglutinaba a los jóvenes admirados por su belleza.
Al decir del doctor en ciencias Adalberto Carmelo Valdés Pérez el nombre de Artemisa No fue dado por una cultura de la mitología griega de sus primeros pobladores. Fue dado por las abundantes plantas de artemisas que silvestres existían en el Corral de San Marcos. Similar fue el origen del nombre de los pueblos de Aguacate, Caimito, Ceiba del Agua, Guayabal, Güira de Melena, Santa Cruz de los Pinos, entre otros.