Los Cuenteros prestos a comenzar la función. Fotos: Arletys González Rodríguez
El teatro una vez más saca las sonrisas que estaban escondidas. Tal vez en un rinconcito del alma que la rutina o la preocupación por aprender los productos o a escribir, no dejaban ver.
Vuelve la mano a enguantarse con un cuerpo de espuma y una cabeza de papel. Vuelve el nervio al corazón del que espera al público como si fuera a un juzgado. ¡Un juzgado para bien, claro está!
Ya llegan los niños. Las maestras como madres voluntarias ayudan a invocar ese silencio solemne que sólo se logra cuando el musicalizador deja escapar como por atrevimiento un spot de lo que acontecerá.
Entonces, la música de presentación y desde el retablo los titiriteros dejan ver solo por tres minutos el cuerpo que dará vida a miles de personajes en tan sólo media hora. La canción de presentación, la misma que usó el grupo hace ya 50 años. Luego una breve explicación y de repente ya es la hora. Comienza la magia.
Títeres de varillas, guantes con cuerpo de mujer, hurones, pollos y hasta la más aplaudida Blanca Nieves con sus siete enanos. No falta la grandilocuencia con un muñeco desenfadado que asusta a los más pequeños, e incluso logra absorber algunas lágrimas del niño que desde el inicio se refugia en los brazos de la seño.
En un mismo espacio son dos mundos paralelos, delante y detrás del retablo. Delante las sonrisas, los aplausos, los deseos de que no termine y detrás, detrás es muy difícil.
Once actores apretujados dan vida a las marionetas, el más experimentado, como buen manipulador no se limita, es rey en su reino. No se apresura en cambiar de un títere a otro, sabe que en medio segundo puede hacerlo magistralmente.
Magistrales también son los nervios de los novatos, los que intentan acercarse a los veteranos que desde niños admiran. Tantas cosas a la misma vez, es difícil aunque gratificante. Pero como son una familia, nuevos y viejos se unen y sale el espectáculo, ese que a alguien se le ocurrió llamar Lucasnómetro titiritero y que llega a su fin, solo por esta vez.
Hoy fue una buena puesta, así lo demostró la furia de aplausos de los niños de la escuela Julio Pérez en San Antonio de los Baños que disfrutaron de la compañía teatral Los Cuenteros.

