La sublevación de los vegueros fue un símbolo de la rebeldía de los hombres de campo, las protestas populares y de la lucha armada que surgieron en Cuba en el siglo XVIII.
Según refiere el ariguanabense Julián Vivanco en su obra Estampas Antiguas de San Antonio de los Baños, a partir de la segunda mitad del siglo XVII comenzó a extenderse en las cercanías de La Habana el cultivo del tabaco.
La expansión de este cultivo alcanzó tal magnitud que las autoridades españolas prohibieron la siembra en los alrededores de La Habana. De esta manera podían dedicar los terrenos al desarrollo de la agricultura de subsistencia, o sea, para sembrar frutos menores, necesarios para el sustento de los vecinos.
Durante el transcurso del siglo XVIII el tabaco cultivado en Cuba ganó preferencia en el mercado. El rey de España Felipe V concibió la idea de que el Gobierno se responsabilizara de vender el tabaco producido en la Isla. En el año 1716 el Capitán General Brigadier Vicente Raja se encargó de establecer el Estanco del Tabaco, por órdenes del propio rey. El estanco consistía en comprar todo el tabaco que se cultivaba en el país para enviarlo a la fábrica establecida en Sevilla y allí laborarlo por cuenta del Gobierno. Esta medida produjo el descontento de los cultivadores que de inmediato elevaron sus quejas al Gobernador General. Estas quejas fueron trasmitidas a la corte. Lejos de una solución la medida que tomaron las autoridades fue de expedir un Real Decreto que indicaba crear en La Habana una Factoría General, encargada de comprar todo el tabaco, con sucursales en Santiago, Bayamo, Trinidad y Remedios.
Ante la creación de la Factoría General los vegueros se rebelaron, lo que provocó que el Gobernador Vicente Raja renunciara y tuviera que abandonar la Isla. La corte nombró Gobernador de Cuba a Gregorio Guazo y Calderón en 1719, quien comenzó a establecer la Factoría y proceder con severa energía contra los sublevados.
La segunda sublevación de los vegueros se produjo en el año 1720 que fue menguada por el Obispo y el Conde de la Casa Bayona. Ambos lograron que el sobrante de lo que se vendió a la Factoría se le vendiera a las demás colonias y a la metrópoli. A pesar de esta situación el tabaco continuó sin salida del país. En 1723 el Gobierno hizo enormes compras a un precio inferior a lo establecido lo que originó que en Santiago de Las Vegas se amotinaran unos MIL vegueros. En la madrugada del 21 de febrero de 1723 se reunieron a orillas del río Almendares, decididos a marchar a La Habana, en son de guerra. El Gobernador Gregorio Guazo y Calderón ordenó a las fuerzas españolas enfrentar a los campesinos. De aquella sublevación resultaron prisioneros 8 vegueros que fueron ahorcados en los árboles de Jesús del Monte.
La sublevación de 1723 quedó como símbolo de la rebeldía de los hombres de campo y como lejano pero importante antecedente de las protestas populares y de la lucha armada que surgieron en el país en etapas posteriores. Ante las continuas sublevaciones de los vegueros del Rey Felipe V por Real Orden con fecha 17 de junio de 1724 declaró libre el uso y siembra del tabaco en la Isla.
Según reseña Julián Vivanco en su obra Estampas Antiguas de San Antonio de los Baños muchos de los vegueros comprometidos en la rebelión de febrero de 1723, temerosos de las represalias de las autoridades, emigraron con sus familias hacia tierra más adentro, lejos de La Habana y se avecinaron en las estancias de las cercanías del río y Hato de Ariguanabo, constituyendo un núcleo de población rural o barrio de campesinos. Como dato curioso en el Museo Municipal de 10 de octubre en La Habana se encuentra expuesta la fotocopia del libro de entierros de españoles de la iglesia de Jesús del Monte, donde se haya registrado el sepelio de los VIII vegueros que fueron ahorcados en aquellos días.
Fuente: Estampas Antiguas de San Antonio de los Baños, de Julián Vivanco, Tomo I.

