Solidaridad es la actitud de quien participa y presta su apoyo a las causas, deberes o responsabilidades de otras personas y es precisamente lo que se respira en los territorios que sufrieron el embate del tornado el pasado 27 de enero. Es uno de los valores que aprendimos y que hoy se muestra una vez más.
Pensar en los demás, saber que pudimos ser nosotros protagonistas de ese mal momento, nos hace reflexionar que nos necesitamos.
La actitud de trabajadores, jóvenes de cualquier edad, escuela o centro laboral -en la atención a los damnificados- toca los corazones de quienes están pendientes y sienten como seres humanos el dolor de cerca. Honor para los que se solidarizan con los habitantes de La Habana, suya y nuestra.
Considero que contra todo pronóstico las imágenes, los intercambios y comentarios de los internautas, mostraron, la sensibilidad de los cubanos: ateos, religiosos, intelectuales deportistas, trabajadores. Un pueblo en su desvelo por el acontecimiento fatídico de aquel domingo.
Compartir agua, café, la merienda, que no será la mejor, pero se comparte con humildad, recibir a los estudiantes de la Universidad Tecnológica de La Habana, conocida como la CUJAE, que en estos momentos son trabajadores de pico y pala. Visitar a ese vecino que conocemos de lejos pero hoy de cerca la extendemos la mano pues la necesita, hacer llegar a los pequeños de aquella casa al menos alguna pieza de ropa.
Así se vive hoy en algunas de esas zonas de La Habana. Sus habitantes hablan un lenguaje único y compartido, que le cambiaron sus vidas, sus casas, escuelas, policlínico, pero crecen.
Al menos para mí, las historias de vida que salen día a día son una reflexión. Una enseñanza para todos, amigos de otras provincias prestan su ayuda, también lo hacen desde lejos. En otras naciones los colaboradores, amigos, familiares que al menos con un sincero mensaje dejan bien claro y alto cómo somos y seremos los cubanos: solidarios.