Recordar el futuro

Las razones de intelectuales y artistas para aprobar el proyecto de Constitución que convoca a toda Cuba, este 24 de febrero, se me representa con una frase de Félix Pita Rodríguez, pilar de la literatura cubana y ejemplo de revolucionario.

Recordar el futuro es la expresión que traduce, como ninguna, la necesidad y convicción de luchar siempre por un ser humano y una sociedad mejor. No es solo mantener lo alcanzado hasta el presente, sino confianza de superarlo y proyectar nuevas conquistas.

Quienes profundizan en los principios de la conciencia humana y sus luchas sociales por la justicia, la libertad y la dignidad, esa frase poética se sintetiza en otra idea del propio Félix Pita: “Olvidar el pasado es correr el riesgo de dejar indefenso el futuro.”

Para nuestra Cultura, decir sí a la Constitución, representa reafirmarnos en los saberes y sentimientos que han formado, guiado y dan sentido a nuestro presente como Nación. Es dictar la continuidad de lo alcanzado y la fe en su desarrollo futuro -que, como sentenciaba Mella, tendrá que ser necesariamente mejor.

Nuestro sí rubrica el derecho a la creación, al pensamiento audaz, rebelde y libre que ha movido cada una de las artes en la Isla, que rompió el coloniaje y triunfa con la verdad, el talento y la originalidad de sus obras, sus artistas y sus públicos.
Somos una cultura unida pero diversa, como el color cubano que prefirió Nicolás Guillén o Fernando Ortiz. En perenne resistencia, hemos mostrado en cada momento el poder de renovación del ama cubana, que toma los nutrientes de todas las culturas del mundo, pero mantiene firme su autenticidad.  

Por la Revolución, Cuba ha construido una cultura sin muros, sin privilegios de élites que miren sobre el hombro la música negra, mestiza o guajira, de solar y guardarraya, las expresiones populares de nuestra cultura híbrida.

Abierta a su propia pluralidad, generosa y democrática en sus escuelas formadoras del talento artístico, oportuna en llegar a los sitios más intrincados y desfavorecidos (lo mismo con el teatro, la Sinfónica o el Ballet) y humana hasta en sus detalles más sencillos, como por ejemplo, llevar a los niños hospitalizados una función escénica o musical y una sonrisa, la Cultura y su papel en la sociedad, se han tejido a la vida cotidiana haciéndonos como somos: cubanos de este tiempo.

Esta cultura, hija de Martí, Céspedes, Perucho, Villena, Gómez García y Fidel, que se conmueve y corre a mitigar el dolor y el desastre, lo mismo en Baracoa, Haití, Santos Suárez o Guanabacoa, quitándose de sí los brillos y las famas, porque “tener talento, es tener buen corazón”, declara su derecho a existir y crecer en un sí por la Constitución.

Y yo imagino que la convicción de mis compañeros de arte, ese recordar el futuro que poetizaba Félix Pita, suena como el Himno de Bayamo en la trompeta de Alexander Abreu cuando interpreta su canción.


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