Ceibas del Ariguanabo (Parte 1)

En el grabado numero 64 ''Cueva donde se sume el río de San Antonio'' se puede observar esta famosa ceiba, que se hallaba en el sitio en que dicho río desaparecía bajo la tierra. Foto: Tomada de Cuba Museo.En el grabado numero 64 ''Cueva donde se sume el río de San Antonio'' se puede observar esta famosa ceiba, que se hallaba en el sitio en que dicho río desaparecía bajo la tierra. Foto: Tomada de Cuba Museo. La ceiba es uno de los árboles más representativos de la flora cubana. Puede alcanzar 50 metros de altura y un tronco de 2 metros de diámetro. En San Antonio de los Baños la ceiba constituye un símbolo.

Desde antes de la fundación de la Villa, existía sobre la Cueva del Sumidero una ceiba. Bajo sus raíces se sumergía el río Ariguanabo. En los comienzos del siglo XIX el Regidor Don Diego Gutiérrez escribió que sobre la cueva del Sumidero:

 

´´nacieron dos árboles, una palma real y una ceiba, que crecieron a la par y parecían colocadas por la naturaleza, como para que fuesen testigos de aquella maravillosa obra suya (…) ´´

 

Sobre esta ceiba alguien escribió los siguientes versos que se hicieron muy populares en el Ariguanabo, en la segunda mitad del siglo XIX:

 

Te saludo ceiba hermosa,

Con nobleza y con cariño,

Pues te he visto, desde niño,

Elevada y majestuosa.

Sola, sobre endurecida loza,

Estás con gran albedrío;

El céfiro y el rocío bañan tu verde cabeza,

Y para mayor grandeza

Te lava los pies el río.

 

Con el paso de los años el tronco de la ceiba de la Cueva del Sumidero se ahuecó. Personas inconscientes e irresponsables prendían fuego en su interior para ver salir el humo por su alta copa. Llegó el momento en que la ceiba se derrumbó. Al caer su tronco obstruyó el curso del río. Alguien escribió:

 

Ya la ceiba se cayó, 

No pudo estar más parada.

La pobre murió quemada, 

Y por eso se acabó. 

Dichoso aquel que la vio

Allá en los siglos pasados…

Bajo su copo dorado,

Guardaba un fresco sombrío.

Donde finaliza el río

Del Hato de Ariguanabo.

 

En 1877 se restituyó la ceiba de la Cueva del Sumidero. Por tal motivo se celebraron grandes festejos populares. Acudieron las autoridades civiles y militares y hasta el Obispo, quien la bendijo. Esta ceiba fue regalada por el Señor Mateo González, hijo mayor del Conde de Palatino y traída desde su finca El Fundador. A su alrededor se construyó un muro y unas pilastras que con el paso del tiempo se convirtieron en ruinas.

 

Hace algunos años este importante sitio del pueblo de San Antonio de los Baños fue restaurado para devolver el esplendor que merece. Continuará...

 Fuente: Estampas antiguas de San Antonio, tomo III, de Julián Vivanco