Le apodaban el León de Oriente. Nació el 2 de febrero de 1849 en la finca Las Delicias, en Majaguabo, San Luis, Oriente, el que sería Mayor General del Ejército Libertador y una leyenda en el campo mambí, de quien todos hablaban sobre su coraje en la temeridad.
Hoy, cuando se cumple el 170 aniversario de su natalicio, Cuba lo recuerda como ese joven que con 19 años se incorporó junto con sus hermanos Antonio y Justo al Ejército Libertador, fueron los primeros de la familia Maceo Grajales en hacerlo.
Desde entonces su bravura y lealtad los acompañaron.
No habían transcurrido tres años de su incorporación a las filas mambisas cuando ya ostentaba los grados de capitán, y participa en otro combate contra una fuerza enemiga de cuatro mil hombres, junto a su hermano Antonio, con quien lo encontraremos casi siempre juntos. A sus veintiséis años es ya comandante y se han multiplicado sus heridas en combate.
José manejaba el machete a la zurda y el revólver a la diestra. Era jovial y presumido, desinteresado y sincero, y cuando se incomodaba, tartamudeaba. Era hombre noble, pero de disciplina férrea, de altos principios éticos y morales.
Tenía gran sensibilidad musical, era muy sincero y daba alto sentido a la amistad, se preocupaba intensamente por la unidad dentro de las filas insurrectas, tenía amor y respeto por la familia, y en especial por Mariana, su madre.
Así es. La figura de José Maceo Grajales, como la de Antonio, la de toda la familia de Mariana y Marcos, viven ahí, en lo más alto de la Patria que continúa la obra por ellos iniciada, la Patria cuyos hijos la defienden y la cuidan, para revivir sus hazañas, para que no hayan perecido en vano.
Es el León de Oriente parte indispensable de la Historia de Cuba, uno de sus hijos más valientes y decididos... Por eso, 170 años no difuminan su imagen en los libros... en las anécdotas, por eso escribo hoy estas palabras...